viernes, 19 de mayo de 2017

La vida de Pi (2012)

Creer o no creer, esta es la cuestión que planteó el realizador Ang Lee en La vida de Pi, cuidada adaptación de la novela homónima de Yann Martel: una bella fábula sobre la supervivencia que subraya la importancia de la espiritualidad en las situaciones límite, independientemente de la creencia religiosa que se profese.

El cineasta taiwanés siempre ha demostrado su versatilidad con creces a lo largo de filmografía, embarcándose en proyectos dispares que tienen como denominador común la intachable personalidad y el firme compromiso que derrocha en cada uno de ellos.

Al igual que en la soberbia Tigre y dragón, estos principios no solo se mantienen en esta película, sino que además son llevados a un paroxismo inusitado apreciable fundamentalmente en el plano estético. La combinación entre el impecable diseño artístico con su virtuosa dirección de fotografía dan como resultado una colección de imágenes maravillosas dignas de atesorar en el recuerdo (como la de ese místico océano en calma que se confunde con la infinita bóveda celeste). Todo un alarde visual que consigue transportar al espectador a un mundo de ensueño y en el que el inevitable uso de los efectos digitales no prevalece sobre el relato, más bien está al servicio del mismo.

Dicho relato, conmovedor a todas luces, está protagonizado por Pi Patel, un joven hindú de nombre anecdótico con encontradas inquietudes religiosas que se ve obligado a abandonar su país natal debido al estancamiento del negocio que regenta su familia: un zoológico. En aras de encontrar una vida mejor, deciden embarcarse en un carguero con la intención de vender todos los animales a un nuevo propietario una vez lleguen al destino prefijado. Desgraciadamente, un temporal atroz provoca un naufragio al que nuestro protagonista sobrevive por caprichos del destino, y es ahí cuándo empieza su particular odisea en la que pondrá a prueba todo aquello en lo que creía, y en definitiva, a sí mismo.

En lugar de adoctrinar, La vida de Pi aboga por la libre interpretación de los hechos narrados. Lo que subyace bajo esta tierna historia es la sublimación de la esperanza a través de la fe, pues en ocasiones la creencia en lo insólito ayuda a comprender mejor la cruda realidad que nos rodea, un mensaje muy necesario en los tiempos que atravesamos actualmente. Posiblemente no convencerá a todos por igual, pero difícilmente deja indiferente a quien la ve.

sábado, 1 de abril de 2017

El expreso de medianoche (1978)

Hay películas que trascienden, pasan los años y el poder de sus imágenes sigue grabado a fuego en tus retinas. Y una de esas cintas que provocan todo un desgarro a nivel visual es El expreso de medianoche, dirigida por Alan Parker poco tiempo antes de realizar la que sería para mi gusto su obra cumbre (The wall), y con guion de Oliver Stone (galardonado con un Oscar además) basado en el crudo relato biográfico de Billy Hayes, un turista estadounidense al que condenaron en los años 70 a la abusiva condena de cadena perpetua en una prisión turca por tráfico de hachís.

Como cabe esperar, la película es un duro drama carcelario que gira en torno a la desesperación y la impotencia de su protagonista cuando se cerciora de que está atado de pies y manos, sin poder hacer nada para recurrir una sentencia desproporcionada que le destroza la vida solo porque el gobierno turco se empeña en utilizar su caso para ejemplarizar en su incesante lucha contra el tráfico de sustancias que entraba y salía de sus fronteras.

En ningún caso durante el metraje se evidencia que el delito cometido sea justificable, sino más bien se limita a recrear fielmente por un lado las vejaciones a las que eran sometidos algunos presos en su día a día, y por otro, denunciar lo extremas que podían llegar a ser las sanciones en el régimen turco, hasta el punto en que seguramente su visionado dejaría a más de un aprensivo sin ganas de ir a Turquía al menos durante un tiempo.

El protagonista elegido para dar vida a Hayes fue Brad Davis, un joven bastante atractivo en su época que tenía un portentoso físico (muy bien aprovechado también por el cineasta alemán Fassbinder en la casi desconocida Querelle), pero dentro del elenco encontramos a Randy Quaid, dos décadas antes de enfrentarse a los extraterrestres en Independence day, y por supuesto al camaleónico John Hurt, que otorga una impecable interpretación de un drogadicto que desvaría y pasa olímpicamente de todo tras asumir que jamás podrá salir de allí.   

Aparte de su conseguida ambientación en la que se puede palpar a la perfección la tensión en la que vivían los reclusos, destacan su magnífica banda sonora, que va en perfecta sincronía con cada fotograma de la película, y el perfecto uso del maquillaje en el rostro de Brad Davis para que pareciese cada vez más y más demacrado.

Posiblemente, de entre todas las secuencias a elegir, la más fuerte sea aquella en la que Davis se enzarza en una pelea con el chivato de la prisión hasta arrancarle la lengua con sus dientes (difícil de olvidar), sin embargo a un servidor le impactó mucho más cuando él se masturba impulsado por un sentimiento primitivo y animal mientras observa en un vis a vis a su novia a través de un cristal porque no puede tocarla al estar encerrado. 

En resumidas cuentas, una obra maestra que ha perdurado y envejecido dignamente con el paso de los años...   

domingo, 19 de marzo de 2017

La Bella y la Bestia (2017)

Aspectos positivos: Vivimos en una era de remakes, reboots, spin-offs y otros sucedáneos producidos en cadena por Hollywood para hacer caja segura a través de la nostalgia. Esto lleva a cuestionarnos qué sucederá cuándo las secuelas no sean rentables en un futuro hipotético (que llegará tarde o temprano, creedme), pero eso es otro debate que ahora no viene al caso. Dentro de esta oleada de películas animadas en carne y hueso no podía faltar La Bella y la Bestia, una de las adaptaciones más preciadas y recordadas de la era dorada de Disney durante los años 90. Era, como decía, cuestión de tiempo... Y afortunadamente el resultado es inmejorable porque Bill Condon se ha esmerado respetando secuencia a secuencia la película original y sabiendo incorporar con mucho acierto nuevos matices y canciones que no desentonan en el conjunto del metraje, más bien enriquecen los detalles y atan aquellos cabos sueltos que en su predecesora no se les prestaba la suficiente atención. A medida que avanza despierta en el espectador ese interés por saber cómo van a plasmar las escenas más icónicas en esta versión, lo cual es un plus añadido, ya que la historia es conocida por todos y no había lugar para demasiada sorpresa. Las expectativas eran altas desde hacía meses, algo palpable en la publicidad masiva con la que nos han bombardeado, y al final por suerte se han cumplido gratamente. Es un producto que funciona a todos los niveles, mimado de principio a fin con el objetivo de hacer la experiencia lo más inolvidable posible.

Aspectos negativos: Sin embargo, que nadie espere que supere el recuerdo de la original porque eso es poco probable. Si los más puristas quieren disfrutar al 100% deben dejarse llevar y no comparar constantemente, porque la cinta tampoco es un calco ni lo pretende. Aunque hay partes que son casi idénticas (como el mítico baile en el salón de la pareja protagonista) o actores que son idóneos para el personaje que interpretan (como Luke Evans de Gastón), otras como el número de "¡Qué festín!" o la entrada de Bella por primera vez en la biblioteca quedan algo deslucidas si se establecen paralelismos. Por otra parte, si bien visualmente es una gozada (incluso el CGI del rostro de la Bestia está logrado), hay ciertos diseños chillones y estridentes que pueden desentonar ligeramente con la estética general de la película. Y respecto a la discutida interpretación de Emma Watson como Bella, apuntar que irremediablemente hay ocasiones en las que sobreactúa. No obstante, en líneas generales está muy correcta en su papel.    

Valoración: Notable

sábado, 25 de febrero de 2017

Trainspotting 2 (2017)

Aspectos positivos: La química que desprenden los cuatro protagonistas está intacta. Ello se debe a que los personajes ya estaban muy bien configurados en la Trainspotting original. Con la diferencia de que ahora son cuarentones con su correspondiente crisis análoga a dicha edad, pero por lo demás se siguen comportando como los miserables y disfuncionales veinteañeros que eran. Por otra parte, los diálogos siguen siendo mordaces, las situaciones también se presentan igual de alocadas, y de nuevo existe una crítica (algo más light) a la sociedad en la que estamos viviendo (haciendo especial hincapié a las nuevas tecnologías y a las redes sociales como cambio más significativo). Sin embargo, lo más interesante de la cinta dirigida por Danny Boyle quizás sea la profunda reflexión que subyace tras esos inimitables encuadres diagonales o ese frenético montaje que caracteriza su cine, y no es otra que la remembranza de un pasado que a veces nos atrapa y nos estanca, sin permitirnos avanzar. Por mucho que queramos recuperar lo que antaño fuimos jamás lo conseguiremos y cuanto antes lo asumamos, antes maduraremos.         

Aspectos negativos: Difícil era igualar (o superar) una de las películas británicas más influyentes de la historia reciente, toda una obra de culto que hasta incluso fue tildada en su momento como La naranja mecánica de los noventa por su transgresora narración que rompía con muchísimos moldes. En ningún caso considero que esta secuela no sea una decente sucesora de la primera entrega, pero no es tan memorable ni por asomo. Aunque pretenda ser fresca, la fórmula ya no produce el mismo impacto que hace dos décadas y la dosis de nostalgia que insufla no es suficiente para que el chute perdure con el paso del tiempo. Aparentemente, da la sensación de que Boyle está más interesado en complacer a los melancólicos que miran hacia atrás con añoranza en lugar de captar a jóvenes espectadores de nuevas generaciones.   


Valoración: Notable

miércoles, 22 de febrero de 2017

Sospechosos habituales (1995)

Estamos, sin parangón, ante la mejor cinta de Bryan Singer hasta la fecha, la más pura de toda su filmografía. 

El argumento narra la historia de un grupo de delincuentes que se alían para cometer un robo conjunto y reciben la visita de un intermediario que les ofrece trabajar con Keyser Soze, un sujeto conocido por su espeluznante pasado criminal... ¡Y hasta aquí puedo leer! 

Su visionado deja noqueado: una excelente realización que recuerda mucho al cine de Brian De Palma, un vibrante ritmo narrativo estructurado a base de flashbacks, y un modélico guion que te mantiene en tensión, logrando que el espectador se estruje las neuronas hasta el final. 

En el plano interpretativo hay que elogiar a Kevin Spacey por encima del resto del elenco (¡y vaya elenco!), ya que hace un complicado papel que te envuelve de forma arrolladora. No en vano ganó un Oscar ese año por su interpretación. Digno de mención también es Byrne, que dentro del quinteto de delincuentes es el que tiene más profundidad y peso como personaje.  

Es uno de esos thrillers que dejan huella, en el que nada es lo que parece y a su vez todo encaja. Su inigualable desenlace es para mi gusto de los mejores de la historia del cine. Simplemente magnífica. 

sábado, 18 de febrero de 2017

Jackie (2016)

Aspectos positivos: Natalie Portman es razón más que suficiente para ver este biopic. Su interpretación es de un valor inconmensurable, incluso a veces cuesta trabajo reconocerla bajo su lograda caracterización de Jackie Kennedy, una dosificada combinación de vulnerabilidad y entereza que surte efecto en pantalla. Indiscutiblemente, ella es la película del chileno Pablo Larraín, y tal como sucedió en Cisne negro, tan solo su presencia basta para sostener los 90 minutos de metraje. Todo un ejercicio de estilo. Un papel hecho a su medida que reafirma lo que Portman ha sido siempre: un animal escénico, una gran dama de la interpretación capaz de hacer lo que le propongan, cuanto más arriesgado mejor. Por otra parte, la otra gran baza de la cinta es su impecable recreación, destacando la evocadora dirección de fotografía y la fidedigna indumentaria que utilizó la ex primera dama. Este último aspecto era crucial y hay que decir que cumple con nota, porque no podemos olvidar que su vestuario era un sello distintivo de su personalidad que la convirtió en un verdadero icono de la moda de su época, perdurando hasta la actualidad.

Aspectos negativos: Salvo lo expuesto previamente, el argumento genera poco contenido más allá del duelo que tuvo que atravesar la viuda de América los días sucesivos al asesinato de su esposo. La película como retrato respetuoso de Jackie Kennedy con sus claroscuros es ejemplar, pero quizás es tal el peso que el director otorga a su figura protagonista que las circunstancias y el resto de personajes que la rodean se ven relegados inevitablemente a un segundo plano, y en consecuencia, el producto final es bastante monótono, carente de la profundidad que el relato necesita para fluir, hasta el punto de que en algunos momentos llega a ser tedioso. 

Valoración: Aprobado

viernes, 10 de febrero de 2017

La jungla de cristal (1988)

Últimamente cuesta encontrar películas de acción que se queden grabadas en nuestra retina, quizás esto se deba en parte a la masiva cantidad de guiones pobres en contenido que intentan suplir sus carencias abusando de efectos visuales a mansalva en cada secuencia de una película, pero lógicamente, atiborrar la trama de pirotecnia efectista no es suficiente para que el espectador se enganche desde el minuto uno. Por suerte, contamos con referentes como La jungla de cristal de John McTiernan, todo un clásico dentro de este género que ha servido incluso de modelo para otras cintas posteriores. 

El argumento no es nada del otro mundo: un grupo armado terrorista se apodera de un rascacielos de Los Ángeles tomando a un grupo de personas como rehenes. Sólo el policía John McClane (Bruce Willis), ha conseguido escapar del acoso terrorista y mantendrá una lucha feroz y agotadora contra los secuestradores. Este antihéroe (es malhablado y sus métodos no son precisamente los más ortodoxos) es la única esperanza de los capturados... 

La película goza de un equilibrio excelente entre las secuencias de tiroteos o peleas y aquellas más divertidas, protagonizadas no solo por Willis y sus irónicas líneas de diálogo (según sus propias palabras se convierte en “la mosca en la sopa, la mota en el ojo y el grano en el culo” de los secuestradores); sino por los personajes secundarios también (me estoy refiriendo por ejemplo a los irrisorios oficiales y agentes federales que aparecen idiotizados, una clara crítica a la inoperancia del cuerpo policial). Está terminantemente prohibido el aburrimiento porque la trama transcurre a tal velocidad que el espectador sentirá que va montado en una montaña rusa de principio a fin. Ojalá hubiera actualmente más guiones así, que dignifiquen y revitalicen este género que ha sido tan denostado y relegado a un segundo plano estos últimos años. 

Dentro del apartado actoral, hay una curiosidad que muchos desconocen, y es que el director John McTiernan pensó en Schwarzenegger como primera opción para interpretar a McClane (con quién ya trabajó en “Depredador”), pero personalmente creo que Bruce Willis fue la decisión más acertada. Gracias a este film, llegó a ser una de las más cotizadas estrellas de Hollywood y su personaje caló hondo tanto en crítica como en público por igual. También destaco el personaje del villano Hans Gruber, porque no es el típico enemigo plano que aparece en otras películas. Gruber no se piensa las cosas dos veces, se moja y si hace falta se enfrenta cara a cara con McClane sirviéndose incluso del engaño, no se le van a caer las uñas por hacerlo. Además hay que recalcar que el soberbio Alan Rickman le da al personaje un aire de sofisticación british que dota de un mayor empaque al conjunto. 

El éxito obtenido de La jungla de cristal propició asimismo el rodaje de varias secuelas, pero bajo mi punta de vista ninguna será tan recordada como la primera.

domingo, 5 de febrero de 2017

Tarde para la ira (2016)

Aspectos positivos: Tarde para la ira es un thriller en toda regla que te mantiene sin pestañear hasta el desenlace. Raúl Arévalo se ha arriesgado y con un presupuesto limitado firma una ópera prima que muchos encumbrados ya quisieran tener en sus respectivas trayectorias. De ejecución sobria, realización certera y atmósfera "sucia", el inexperto cineasta nos cautiva con una historia de venganza con tintes de novela negra a lo Cormac McCarthy e influencias de Sam Peckinpah que nada tiene que envidiar a la de cualquier producción estadounidense actual en lo que a planos y montaje se refiere. En la película palpamos y olemos la rabia, esa rabia contenida que corre por las venas de su protagonista, un soberbio Antonio de la Torre, que como siempre nos acostumbra con un papelón digno de su experiencia sobrada ante las cámaras. Además le acompaña un elenco de actores sabiamente escogidos en estado de gracia, destacando a un Manolo Solo en un personaje tan carismático que solo le bastan 15 minutos de presencia en pantalla para convencer al espectador. Se echa en falta en nuestro cine más savia nueva como la de Raúl Arévalo, cuyo guion plagado de suspense y giros de principio a fin, es de los mejores que ha habido este año. No en vano, la película ha recibido cuatro premios Goya, incluyendo el de Mejor Película. Recompensa más que merecida a un director que promete dar mucho que hablar en los años venideros.

Aspectos negativos: ¡El propio Arévalo podría haber hecho un cameo a lo Paco León! 

Valoración: Sobresaliente

sábado, 28 de enero de 2017

Lion (2016)

Aspectos positivos: ¡Por fin un drama a la altura de los Oscar este año! Lion narra magistralmente un viaje al estilo homérico de autodescubrimiento que conecta fácilmente con el espectador a través de una máxima universal: la búsqueda de la identidad personal, algo muy valioso que nadie nos puede arrebatar. El protagonista de la historia, basada en hechos reales, es un pequeño chico hindú llamado Saroo que se pierde accidentalmente en Calcuta y no sabe volver a su casa junto a su madre y sus hermanos. A partir de ahí inicia toda una odisea en la que se ve obligado a mendigar para sobrevivir y a huir de aquellos que quieren hacerle daño, como tantos niños en la India cuya extrema situación se denuncia en la película. Esta primera parte la distingue de cualquier convencionalismo, estremece y conmueve al mismo tiempo por la forma tan delicada en la que está filmada, sin apenas diálogos y con una cuidada dirección de fotografía. Además, es imposible apartar la mirada de la tierna y expresiva interpretación del infante Sunny Pawar, todo un descubrimiento. Afortunadamente el caprichoso destino decide que sea una familia australiana la que finalmente lo adopte y lo críe como suyo. Aquí es donde entra en escena una impecable Nicole Kidman que se luce como hacía tiempo, dando vida a una madre dedicada y voluntariosa que solo se preocupa por el bienestar de su familia. Gracias, Nicole, por brindarnos ese gran papel. No obstante, como cabía esperar porque de lo contrario no habría película, la travesía del héroe culmina cuando éste regresa de nuevo a su hogar, tal y como hizo Ulises. De ese modo, tras haber vivido acomodado, protegido (y anestesiado) durante 20 años, Saroo siente la necesidad imperiosa de emprender solo dicho periplo con ansia de respuestas. Es posible que muchos consideren que la cinta recurre a la lágrima fácil, pero un servidor discrepa rotundamente porque Lion es honesta, habla de esperanza por encima de todo, y precisamente ese tipo de relatos son rabiosamente necesarios en el cine actual.

Aspectos negativos: El personaje del hermano adoptivo del protagonista está muy desdibujado, su presencia se diluye en la trama hasta el punto de ser irrelevante. 

Valoración: Sobresaliente

jueves, 26 de enero de 2017

La soga (1948)

Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de todos los tiempos, pero no todo es Vértigo, Psicosis Los pájaros. También tiene otros peliculones menos conocidos que no dejan de ser igual de importantes. Uno de ellos precisamente es La soga.

Narra la historia de dos solteros que comparten piso (John Dall y Farley Granger) y que cometen un asesinato de un compañero de clase para demostrar una oscura teoría. Esa misma noche celebran una fiesta en su apartamento con amigos, los padres del asesinado y un ex profesor especializado en criminología al que invitan (James Stewart).

Lo que más llama la atención de la cinta es su simple puesta en escena (ya que toda la acción se desarrolla en un apartamento); pero si a esto añadimos que Hitchcock la rodó manteniendo un único plano secuencia, encontramos aún más interesante el asunto. Hitchcock siempre fue un pionero experimentando en sus películas: en este caso en particular su idea fue acercarse lo máximo posible al teatro filmado, pero como cada bobina por aquel entonces constaba de un tiempo limitado de no más de 10 minutos, Hitchcock conectaba las tomas mediante acercamientos a las chaquetas de los personajes (salvo en una ocasión) para que se fundiese en negro y pudiese cambiar rápidamente de rollo. Con este efecto demostró demostrar a fines de los años 40 que las historias podían contarse de un modo diferente al acostumbrado.

En cuanto al contenido, podemos decir que es un intenso drama psicológico con tintes de comedia negra que trata, entre otras cosas, de la astucia y la rectitud moral. Como buen maestro del suspense, Hitchcock atrapa al espectador al revelar lo que están tramando los asesinos desde el comienzo: el suspense radica en si serán descubiertos o no por el profesor, a quien pretenden llevar al límite demostrándole que existe el crimen perfecto. Detrás de esta macabra suposición subyace la escabrosa ideología que defiende la superioridad de los "fuertes" frente a los "débiles". Una cuestión candente capaz de levantar ampollas, sobre todo si tenemos en cuenta los desagradables acontecimientos que habían asolado a Europa escasos años antes de su estreno y que habían sido en buena parte propiciados por el mal uso de teorías como ésta.

Como dato curioso, siempre se ha hecho alusión (como en tantas otras películas del cineasta) a una supuesta relación homosexual encubierta mantenida entre los dos asesinos: a pesar de que no se menciona de forma explícita en los diálogos, pueden darse estas lecturas en ciertos gestos y detalles que denotan cierta ambigüedad. Juzgad vosotros mismos...