lunes, 22 de diciembre de 2014

Solo en casa (1990)

¡Ya prácticamente es Navidad! Y antes de descansar un par de semanitas por vacaciones era justo y necesario despedirse del año revisando un clásico indispensable en estas fechas tan señaladas. Un clásico intemporal que, por muy moñas que suene, marcó mi tierna infancia, me recuerdo a mi mismo con profunda nostalgia poniéndola una y otra vez en mi antiguo video Beta sin hartarme de verla, ¡llegando incluso a quemar la cinta de tanto usarla! (desventajas de los reproductores del siglo pasado).

Chris Columbus (director entre otras de La señora Doubtfire y las dos primeras entregas de la saga Harry Potter) nos muestra en esta divertida cinta aquello que mejor sabe hacer: comedias apropiadas para toda la familia que con el paso del tiempo siguen siendo referentes habituales de cualquier conversación distendida que se precie entre amigos. 

¿Los motivos? De entrada, Solo en casa posee un elenco impecable, empezando por un tierno (y por aquel entonces todavía saludable) Macaulay Culkin, que interpreta a un niño accidentalmente abandonado en su casa por su parentela durante el periodo vacacional navideño. No es arriesgado aseverar que quizás sea uno de los mejores papeles de su breve carrera (tampoco el mejor porque en El buen hijo también lo borda), logrando que su carismático personaje se quede fácilmente grabado a fuego en el imaginario colectivo. Pero además de Culkin, no podemos olvidar al resto: Catherine O´Hara está pletórica como madre del chico en la ficción, Joe Pesci y Daniel Stern configuran una de las parejas de cacos más cómicas de la historia del cine, y como olvidar la presencia del fallecido John Candy en el rol de músico de una banda un tanto pintoresca.

Siguiendo la estela de aciertos, la banda sonora a cargo del siempre admirable John Williams es otro punto a su favor. La música está perfectamente integrada en la narración de la película, describiendo incluso los pequeños matices de los personajes a través de los acordes. Por otra parte, la trama no decae en ningún momento porque, a pesar de que muchos crean que ver a un niño como único protagonista en una casa vacía puede hacerse aburrido, en absoluto es así. El espectador va descubriendo las dificultades que entrañan tareas del hogar tan rutinarias como lavar la ropa o hacer la compra para un niño de 8 años, convirtiéndose en situaciones realmente hilarantes. 

Y por supuesto, ¿quién no recuerda el mítico grito de KEVIN saliendo de las fauces de una desesperada Catherine O´Hara en pleno vuelo cuando descubre enloquecida que se ha dejado a su hijo en casa? Inolvidable... En resumen, Solo en casa es de esas películas que nunca cansan ni aburren, muy bien estructurada y rabiosamente entretenida; la única pega es que, tras repetir el mismo equipo en una aceptable segunda parte, la franquicia fuese explotada hasta rodar una innecesaria Solo en casa 4, ya ni siquiera con los mismos protagonistas ni actores. ¡Cómo gusta estirar un producto cuando funciona!

Lo mejor: La secuencia final de las trampas caseras.

Lo peor: Sus prescindibles secuelas.

Juanmez

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cube (1997)

Claustrofobia y agobio son las dos palabras que mejor definen esta obra maestra (premiada como Mejor película en el Festival de Sitges) que el realizador Vincenzo Natali estrenó a finales de la década de los 90.

En su día fue tildada de rompedora, y no es para menos, pues contemplar cómo seis personas intentan sobrevivir encerrados en un laberinto de habitaciones cúbicas que esconde trampas mortales es algo que no se ve todos los días... Lo primero que llama la atención es su simple puesta en escena, pues la trama se desarrolla en su totalidad dentro de dicho habitáculo gigante, provocando una sensación constante de asfixia al espectador, que a su vez no cesa de preguntarse por qué y cómo los protagonistas han llegado a ese terrible lugar. Natali utiliza de manera acertada un recurso clásico del cine de ciencia - ficción (e incluso de terror): la ausencia de explicación lógica a todo lo que está sucediendo. Y funciona...

Por otra parte, los actores son todos desconocidos, pero uno consigue familiarizarse pronto con ellos sin problema. A medida que la cinta avanza, los personajes que interpretan van mostrando paulatinamente sus caracteres y revelando sus verdaderas intenciones, como si el propio Cubo les invitara (u obligara) a sacar a la luz el animal que llevan dentro, sufriendo un complejo proceso de introspección que inevitablemente se termina exteriorizando debido al reducido espacio que comparten. El mensaje que subyace constantemente es que hay que saber cooperar en situaciones límite como la que se encuentran ellos, pero la ley del más fuerte se acaba imponiendo entre los miembros del grupo.     

En definitiva, Cube es una película altamente recomendable que, con un escenario limitado y una premisa sencilla, derrocha originalidad y talento en cada plano. Difícilmente encontramos en la cartelera actual productos que consigan mantener al público asustado y en tensión sin necesidad de recurrir a lo desagradable. ¡Por desgracia cada día estamos más y más malacostumbrados a las vísceras y a los sustos gratuitos!

Lo mejor: El personaje autista.

Lo peor: Tuvo secuelas innecesarias. 

Juanmez

lunes, 24 de noviembre de 2014

Manhattan (1979)

Noviembre es uno de mis meses favoritos del año, quizás por el paisaje otoñal o tal vez por sus prolongadas noches, pero el caso es que desde siempre lo he asociado a la película Manhattan de Woody Allen, un clásico imperecedero y atemporal del que cada fotograma debería estar enmarcado en un museo. Por tanto, aprovechando que me encuentro en una semana muy especial, era obligado que hiciera mención a este peliculón en el blog.

Probablemente este film fuese crucial para el director a la hora de forjar el que hoy ya es considerado como un estilo único e inconfundible, que nunca pasa desapercibido y que aun sigue vigente en cada trabajo que hace. Allen acostumbra a retratar con mirada sarcástica y a modo de sátira los conflictos sentimentales e intelectuales de la clase media alta neoyorquina en la mayoría de sus películas, recurriendo para ello a una serie de temas predilectos y universales que a todos nos preocupan, como pueden ser el sexo, la religión, las fobias, el psicoanálisis o la mismísima muerte; contemplados siempre desde la más estricta visión personal que reside bajo sus inconfundibles gafas de pasta y, como no, a ritmo de jazz.

Manhattan supuso su consagración cinematográfica tras la magnífica Annie Hall, y en ella, como nos tiene acostumbrados, el propio Allen hace de protagonista, interpretando a un escritor insatisfecho de mediana edad que le sirve de excusa para analizar las relaciones amorosas en general y las de la alta sociedad americana en particular; incapaz de encontrar la felicidad aunque la tenga delante de sus narices.

Sus diálogos son ácidos, e ingeniosos, poblados de múltiples referencias culturales y dotados de una agilidad que puede rozar lo inverosímil. A nivel interpretativo, la dulce Mariel Hemingway por otra parte está fantástica, consiguiendo darle la réplica al mismo Allen incluso mejor que una joven (y por aquel entonces algo desconocida) Meryl Streep. 

De todos modos, lo más notorio de Manhattan es el innegable cariño que el realizador siente por la ciudad de Nueva York, a la que consigue convertir en un personaje más del film a través de una espléndida fotografía en blanco y negro y unos memorables planos que atrapan toda la belleza posible de la urbe (como aquel inolvidable en el que Diane Keaton y Allen están sentados en un banco debajo del puente Queensboro de la calle 52 esperando el amanecer). Toda una declaración de amor firmada por una acertadísima banda sonora de George Gershwin, de la cual destaca el tema Rhapsody in blue con la que abre la cinta.

Como dato curioso, a pesar de que es considerada una de sus obras maestras, el maniático y perfeccionista Allen terminó muy descontento con el resultado final hasta el punto de que no quiso estrenarla. Menos mal que se arrepintió y finalmente lo hizo porque es absolutamente maravillosa e indispensable en cualquier colección cinéfila.

Lo mejor: La secuencia entre Allen y Keaton en el planetario.

Lo peor: Es una verdadera lástima que no dure media hora más. 

Juanmez

lunes, 10 de noviembre de 2014

Leviatán (2014)

Valoración: Notable

A comienzos del siglo XX, Rusia era conocida por excelencia como el gigante con pies de barro, porque pese a que se la consideraba como una gran potencia europea, no dejaba de ser uno de los países más atrasados del continente europeo. Esto se debía fundamentalmente al absolutismo zarista, ligado a una inconcebible falta de libertades y, por consiguiente, a un freno en la modernización del país, controlado de forma opresiva por una sólida burocracia, una omnipresente iglesia ortodoxa y una policía secreta todopoderosa.

Por chocante y triste que pueda parecer, el director Andrei Zvyagintsev muestra en este crudo drama que, en pleno siglo XXI, la situación no ha cambiado ni mucho menos en la putrefacta Rusia de Vladimir Putin. Para ello escoge al Leviatán como interesante analogía de la corrupta y mezquina administración rusa, ese monstruo marino bíblico al que hace referencia el título de esta tragedia con mayúsculas. Un Leviatán que aguarda con cautela el momento oportuno para emerger de las profundidades en las que se esconde y así aniquilar a los débiles que encuentre, sin importarle cuáles sean sus circunstancias.

De este modo ya no queda salvación para una pobre e indefensa familia a la que amenazan con la expropiación de su propia casa, la cual quedaría en manos de un Estado enviciado que tiene intenciones de demolerla con la excusa de construir un nuevo templo para los fieles del remoto pueblo donde viven; una gran paradoja en la que ni siquiera Dios tiene cabida. Ya no existe el sentido común, los derechos no son más que pura ilusión, no hay excusas o justificaciones que valgan. El Leviatán solo deja tras de sí destrucción y ruinas, solo queda por tanto la resignación más perniciosa. 

Y como telón de fondo de este deprimente contexto se halla un marco incomparable: fríos y singulares parajes nórdicos, bellamente retratados por una magnífica dirección de fotografía, que se funden a la perfección con los sentimientos y emociones inherentes a los personajes; interpretados con acertadas dosis de pasión y serenidad a partes iguales por un elenco delicioso en el que destaca sin lugar a duda la actriz Elena Lyadova, catalizador indiscutible de la mayoría de acciones (y pasiones) que se desarrollan durante la película. Especialmente simbólico que sea una mujer, siempre asociada al origen del mal desde el mismísimo Génesis, la mayor responsable del destino fatalista al que inevitablemente está condenado su familia y del que difícilmente podrá salvarse, ya que el indestructible y eterno Leviatán sigue al acecho y todo lo devora a su paso...

Lo mejor: Su inquebrantable guion, tan sólido como el esqueleto de un Leviatán.

Lo peor: El personaje que interpreta Vladimir Vdovichenkov (Dmitriy en la ficción) se va diluyendo en el tramo final de la trama. 


Juanmez 

lunes, 20 de octubre de 2014

Un dios salvaje (2011)

Ayer tuve el placer de revisar Un dios salvaje, divertida película dirigida por Roman Polanski y basada en la obra teatral homónima de Yasmina Reza, a la que, todo sea dicho, el cineasta franco - polaco supo sacar un excelente partido contando con un elenco envidiable en su día...

Curiosamente, lo que en ella comienza como como una educada discusión protagonizada por dos matrimonios a causa de una riña entre sus respectivos hijos se convierte en la excusa perfecta para sacar a relucir todo tipo de reproches, indirectas, pullas y trapos sucios entre los mismos adultos, hasta el punto de que cualquier comentario sin importancia es susceptible de originar un terrible estallido. Así que, paradójicamente, los que se supone que son adultos terminan comportándose como auténticos críos.

Asfixiados por las cuatro paredes del piso en el que se encuentran, único decorado que enmarca la acción y del que parecen no poder salir (como si una fuerza superior de inspiración buñuelesca lo impidiera), los cuatro pierden la compostura mostrando cómo son realmente tras esa fachada de cordialidad y serenidad, consiguiendo que la situación degenere en una auténtica pelea de gallos bajo la que se esconde una latente rivalidad familiar, que deriva a su vez en una insidiosa guerra de sexos para culminar en sucesivas batallas interpersonales. No hay ganadores ni perdedores, el ser humano ha involucionado a su estado más primitivo y ya es tarde para reprimirlo...

Fiel a su estilo, Polanski vuelve a mostrarnos esa atmósfera cargada que tan bien plasma en su cine. Es apreciable como respeta el texto original, trasladándolo minuciosamente a la gran pantalla para el gozo y disfrute de los espectadores, meros voyeurs que están espiando el conflicto sin haber sido autorizados a ello.

Si a todo lo dicho añadimos un sentido muy ágil de la narración, unos ácidos e ingeniosos diálogos y cuatro actores portentosos que rezuman profesionalidad por todos los poros, nos encontramos ante una cinta de esquema teatral que merece ser vista. Pura dirección, puro guion, y pura interpretación son motivos más que suficientes para creer en este dios salvaje que todos llevamos dentro...

Lo mejor: El detonante en forma de vómito.

Lo peor: Te quedas con ganas de más. 

Juanmez

lunes, 13 de octubre de 2014

Perdida (2014)

Valoración: Notable

Ver una película de David Fincher es sinónimo de permanecer en tensión durante todo el metraje, la mayoría de las veces juega con el espectador a su antojo, generando una atmósfera de intriga que le mantiene con el corazón en un puño; solo hay que recordar trabajos suyos anteriores para suscribirlo, tales como The game, Seven o El club de la lucha

En Perdida sucede lo mismo, Fincher pone al servicio de este exitoso best - seller, escrito por Gyllian Flynn, todos los elementos cinematográficos imprescindibles para generar incertidumbre con la suma precisión de un relojero suizo; y lo hace colaborando de nuevo con el mismo equipo de La red social: a saber, el director de fotografía Jeff Cronenweth (quien dota a la película de tonos ambientales apagados aderezados con estratégicos contraluces) y los músicos Trent Reznor y Atticus Ross (cuya banda sonora contribuye a realzar el clímax de suspense). 

Esto constata que cuando se conjuga la labor de grandes autores con un jugoso material para adaptar el resultado suele ser positivo, sobre todo teniendo en cuenta en este caso que la linea argumental es enrevesada y sorprendente a partes iguales; nada menos que un retorcido thriller psicológico que narra la investigación policial de la desaparición repentina de una mujer (Rosamund Pike) desde dos puntos de vista distintos: el de ella y el de su marido (Ben Affleck), desgranando la trama con un ritmo pausado que integra magistralmente los saltos temporales. Sin embargo, si se rasca un poco en la superficie de la historia (que ya de por sí es cautivadora), subyace en el guion una crítica explícita a la influencia de los medios de comunicación en la actualidad, así como una visión desgarradora y cínica de los matrimonios aparentemente perfectos...

En conclusión, se trata de una cinta correcta y bien dirigida donde la auténtica revelación es Rosamund Pike, indiscutiblemente. Su personaje es un suculento bombón con envoltorio oscarizable que ha sabido aprovechar con creces y que habrá suscitado las envidias de muchas compañeras de profesión, celosas por no haber sido las elegidas para interpretarlo. Lástima que Ben Affleck le dé la réplica, pues su innecesaria presencia afea el conjunto y le resta puntos.

Lo mejor: Rosamund Pike.

Lo peor: Ben Affleck.


Juanmez

lunes, 6 de octubre de 2014

La isla mínima (2014)

Valoración: Sobresaliente

Cada vez son más frecuentes los horripilantes casos de niñas encontradas sin vida en nuestro país, después de haber sido raptadas, torturadas y violadas en la mayoría de ellos; por no mencionar aquellas que directamente están desaparecidas, protagonistas sin quererlo de extenuantes procesos judiciales que no hacen más que prolongar la agonía de los familiares que las perdieron y en los que casi nunca suelen ser condenados los verdaderos culpables.

Alberto Rodríguez nos golpea con una de estas realidades en su último trabajo, un thriller trepidante ambientado en la década de los 80 que narra la investigación policial de dos chicas adolescentes que se han evaporado de la noche a la mañana en la zona de las marismas del Guadalquivir. Chicas adolescentes asfixiadas por el deprimente entorno agrario en el que residían, tentadas y engañadas con ofertas de empleo fraudulentas que aceptaban desesperadas de la mano de tipos sin escrúpulos, ansiando cualquier resquicio de libertad, aunque fuera pagando un precio que ellas mismas desconocían. 

El realizador sevillano demuestra sutilmente cómo en el ámbito campestre todo funcionaba (y sigue funcionando por desgracia en ciertas áreas) con sus mecanismos particulares ajenos al gobierno central, un sitio sin ley integrado por lugares inhóspitos donde los conflictos de intereses de carácter local se entrecruzaban inevitablemente con cualquier acontecimiento que se produjera y en donde la entrada de la democracia se daba con cuentagotas. Es decir, una España rural y analfabeta que se debatía entre la tradición y el cambio, que se resistía a aceptar los nuevos tiempos y en la que los fantasmas seguían pululando escondidos en las tinieblas. Eso es La isla mínima...

Sin embargo no todo queda ahí, pues la averiguación de lo sucedido por parte de los detectives llega a trascender considerablemente en la relación interpersonal que mantienen entre sí acentuando aún más sus caracteres: por un lado, un Raúl Arévalo comedido, representante de la nueva generación democrática (e idealista) que se estaba forjando por aquel entonces dentro de nuestras fronteras; y en contraposición un Javier Gutiérrez furibundo, torturado por su pasado, un pasado muy oscuro que por mucho que trate de olvidar o camuflar siempre acabará atizándole en la cara. Dos mentalidades por tanto diferentes, opuestas, y obligadas a trabajar codo con codo para resolver el que seguramente sea el caso más importante de sus respectivas trayectorias.    

Tensión a raudales, atmósfera opresiva muy en la línea de David Lynch, y un entramado en el que cada detalle es crucial son las claves de este whodunit donde nada es lo que parece, posicionándose de este modo como un claro caballo ganador de cara a la próxima edición de los premios Goya.

Lo mejor: Su impecable realización, destacando la magnífica dirección de fotografía de Álex Catalán (los planos cenitales son sublimes).

Lo peor: Difícilmente se librará de las incesantes comparaciones con la serie americana True detective, todo un lastre para una producción de altura como ésta.


Juanmez

lunes, 29 de septiembre de 2014

Hoy empieza todo (1999)

Hay un dicho que reza: “los profesores viven muy bien”, pero cuando uno ve esta pequeña joya del prolífico director francés Bertrand Tavernier y llega a solidarizarse con el personaje protagonista, tiende a replantearse seriamente esta afirmación. 

En Hoy empieza todo se reivindica el papel de un profesor de primaria que, como otros tantos anónimos, lucha día tras día y se preocupa en exceso por los alumnos a los que da clase (prestando la misma atención a los problemas que tienen como si fueran los suyos propios). Con el añadido de que dicho profesor en cuestión trabaja en un barrio más bien marginal, la posición que tiene cobra aún más dificultad porque se encuentra con casos de niños que viven en situaciones familiares desesperadas. Es admirable la valentía que debe tener un docente para enfrentarse a esas deprimentes realidades que le rodean sin ahogarse en un vaso de agua, porque por un lado puede ser perjudicial si uno se inmiscuye demasiado en ellas, pero por otro tampoco se puede hacer la vista gorda e ignorarlas.

El film es un canto a la enseñanza, todo aquel que le gusten los niños pequeños disfrutará de lo lindo porque por lo menos un cuarto de la misma muestra con lujo de detalles cómo son las clases por dentro: las actividades que realiza el profesor con ellos o las lecciones que aprenden, todo rodado con cámara en mano, consiguiéndose cierta reminiscencia documentalista que invita al espectador a sentir proximidad hacia los personajes. 

Además de ensalzar la educación, se reflexiona sobre otros muchos temas, como por ejemplo la pugna frecuente entre los inspectores de educación y los maestros por el cuidado de las criaturas o la imposibilidad de los gobiernos por dar más ayudas a las familias desatendidas debido a la falta de fondos. Lástima que muchas escuelas carezcan de una figura como la del maestro entregado Daniel Lefebre, interpretado magistralmente por Philippe Torreton, que consigue transmitir en cada plano la frustración y la impotencia que siente al no tener soluciones para todo... 

Lo mejor: La honestidad del discurso.

Lo peor: Si uno quiere dedicarse a la docencia debe tener las ideas muy claras antes de verla porque su contenido agridulce puede motivar o bien desmoronar a cualquiera. 

Juanmez

lunes, 8 de septiembre de 2014

Despertares (1990)


Desgraciadamente Robin Williams falleció de manera inesperada hace unas semanas, todo un camaleón escénico que nos ha dejado un vasto legado de icónicos personajes, pero no sólo cómicos (que es por lo que más se le conoce en realidad), sino también excelentes registros dramáticos, como El club de los poetas muertos o El indomable Will Hunting. Ha dejado menos huella sin embargo Despertares, y eso que estuvo nominada a tres Oscar en su día; por todo ello es una ocasión idónea para recordarla...

La realizadora Penny Marshall (Big) es la responsable de este drama de corte biográfico basado en hechos reales y ambientado en los años 70, en el cual Robin Williams da vida a un abnegado médico que decide aplicar un nuevo medicamento en un grupo de pacientes que quedaron completamente inmóviles a causa de una epidemia de encefalitis durante la década de los años 20. Entre ellos se encuentra  el mismísimo Robert De Niro, ofreciendo como siempre una actuación magistral como enfermo que se recupera paulatinamente y que entabla una entrañable relación de amistad con el susodicho médico, construyéndose así un vínculo especial entre ambos a través del cual extraen valiosas lecciones.

Como cabe esperar, toda la trama gira en torno a un soberbio Williams, a quien no le queda más remedio que luchar contra la adversidad, es decir, contra los convencionalismos establecidos y el escepticismo imperante que dominan el hospital donde trabaja, con el único propósito de encontrar un remedio que devuelva la movilidad a todos los afectados, siempre bajo su criterio personal; sin pensar detenidamente en si es acertada la idea de reavivar a personas que corren el riesgo de sufrir un auténtico shock una vez son conscientes de que han pasado media vida paralizados, ajenos al paso del tiempo y a su desarrollo físico.

Al público estadounidense suele gustarle este tipo de biopics comedidos y prefabricados, en los que el protagonista (el individuo) tiende a ser altruista y debe sortear todos los obstáculos que se lo anteponen en su camino (morales, éticos y burocráticos) hasta alcanzar su objetivo concreto con el fin de sentirse realizado.

No obstante, pese a que se trata de un film desprovisto de sorpresas, la fórmula funciona porque la historia es realmente honesta y conmovedora. Además profundiza en cuestiones vitales de extraordinaria simpleza que invitan a la reflexión, recordándonos, a modo de alarma, que quizás deberíamos aprender a valorar más la belleza que existe en algo tan banal como puede ser un rutinario paseo por el parque dentro de nuestro, cada vez más acelerado y mecánico, modus vivendi.

Lo mejor: El tándem De Niro - Williams.

Lo peor: Tal vez le sobra metraje en su tramo final.


Juanmez

lunes, 1 de septiembre de 2014

10000 Km (2014)

Valoración: Sobresaliente

Alarmante es un calificativo sumamente endeble para definir la penosa situación que atravesamos actualmente en nuestro país, donde presenciamos atónitos cómo un ingente reguero de personas se ven obligadas a abandonarlo en busca de mejores condiciones laborales, incapaces en consecuencia de tener una estabilidad económica dentro del mismo. Todos hemos sido testigos cada cierto tiempo, y más de una vez entre lágrimas, de este exilio forzoso (por no utilizar la palabra destierro); no sólo por los medios de comunicación que lo recuerdan constantemente de forma superficial y en ocasiones frívola, sino porque conocemos en primera persona a familiares, amigos o relativos pertenecientes a nuestro entorno cotidiano que han encontrado una vía alternativa en el extranjero a través de becas y ofertas muy suculentas. Eso sí, todo sea dicho, con resultados positivos en un alto porcentaje de los casos. 

Claro que, frente a la expectación y la alegría que supone tener la oportunidad de experimentar una aventura como ésta más allá de tus propias fronteras, existen como es lógico una serie de daños colaterales, y el principal de ellos es perder el trato cercano con tus seres queridos, algo que se acentúa todavía más cuando mantienes un noviazgo. Precisamente esto les sucede a Sergi (David Verdaguer) y Álex (Natalia Tena), únicos intérpretes de la película 10000 Km, que se meten en la piel de una pareja afincada en Barcelona que lleva siete años juntos y toma la decisión de paralizar sus planes de paternidad, debido a que ella consigue un puesto en Estados Unidos.

Basándose en una experiencia personal, el realizador Carlos Marqués - Marcet refleja perfectamente en su ópera prima una coyuntura muy habitual que atraviesan numerosas parejas hoy en día: mantener una relación a distancia, en la que las entrecortadas conversaciones por Skype, el mobiliario improvisado de Ikea, los terribles desfases horarios, los inevitables celos surgidos a través del espionaje furtivo del Facebook y los cafés muy cargados se convierten en los auténticos protagonistas de una rutina agridulce. Una prueba de fuego que requiere de comprensión, generosidad y de paciencia, mucha paciencia para sobrellevarlo; virtudes que escasean últimamente, y con razón, pues por desgracia hemos aprendido a base de palos que, en los tiempos que corren, si no se es egoísta e impulsivo no se consigue prácticamente nada...  

Sin duda, lo más sorprendente de la cinta es la verosimilitud con la que está narrada, ya que las cotas de realismo que se alcanzan son considerablemente elevadas, consiguiendo que el espectador se sienta rápidamente identificado con los personajes, a quienes se coge cariño fácilmente. Además contribuye la innegable química que desprenden ambos actores, se agradece que se entreguen y pongan toda la carne en el asador, derrochando una insólita credibilidad por todos los poros. 

En definitiva, tomando este idilio como referente, el discurso del film profundiza en un dilema sentimental universal bastante interesante: ¿es más importante anteponer el beneficio personal frente al proyecto común de pareja o se pueden compatibilizar cuando existe una gran distancia de por medio? Todo depende de las circunstancias obviamente, pero el debate está abierto...


Lo mejor: El largo plano secuencia inicial, casi un corto en sí mismo.

Lo peor: No es recomendable para aquellos que sufran o hayan sufrido relaciones a distancia inestables recientemente.

Juanmez

sábado, 23 de agosto de 2014

¡Bienvenidos!

¡Bienvenidos! Antes de nada, tanto para los que me conocéis como para los que no, es fundamental que entendáis que me desvivo por el cine, es mi afición favorita desde que tengo uso de razón, algo que además ha quedado patente en la red tras escribir numerosos artículos en otros espacios de relativo éxito donde compartía mi afinidad por el celuloide con otras personas a las que siempre estaré muy agradecido. Lo cierto es que hacía meses que no escribía por una serie de motivos que no viene al caso relatar, sin embargo este verano me volvió a picar el gusanillo y me apetecía probar una experiencia en solitario en mi línea habitual, sin pretensiones de ningún tipo, ya que nunca me he considerado un experto en la materia.

Mi único objetivo es publicar reseñas sobre las películas que considere oportuno, tratando de abarcar un amplio abanico: desde cine comercial hasta independiente, sin olvidar el clásico o el de autor. Y no cabe duda de que la intención es hacerlo de forma amena, con una invitación directa al intercambio de opiniones; que es, bajo mi humilde punto de vista, para lo que existen este tipo de foros. 

Dicho esto queda claro que este blog va dedicado exclusivamente a vosotros: los cinéfilos, aquellos que, como yo, dedicáis una considerable fracción de vuestro valioso tiempo para reír con una buena comedia, llorar con un profundo drama, o saltar de emoción con una trepidante secuencia de acción. A todos los que lo hagáis os felicito, porque eso significa que queréis identificaros con vivencias ajenas a las vuestras, que desconectáis de la realidad que os rodea para compartir la de otros, y, fundamentalmente, que sabéis soñar despiertos; quizás una de las habilidades más preciadas de la vida y que muchos deberían poner en práctica... ¡Eso es amor por el Séptimo Arte y lo demás son tonterías!

Juanmez