lunes, 29 de septiembre de 2014

Hoy empieza todo (1999)

Hay un dicho que reza: “los profesores viven muy bien”, pero cuando uno ve esta pequeña joya del prolífico director francés Bertrand Tavernier y llega a solidarizarse con el personaje protagonista, tiende a replantearse seriamente esta afirmación. 

En Hoy empieza todo se reivindica el papel de un profesor de primaria que, como otros tantos anónimos, lucha día tras día y se preocupa en exceso por los alumnos a los que da clase (prestando la misma atención a los problemas que tienen como si fueran los suyos propios). Con el añadido de que dicho profesor en cuestión trabaja en un barrio más bien marginal, la posición que tiene cobra aún más dificultad porque se encuentra con casos de niños que viven en situaciones familiares desesperadas. Es admirable la valentía que debe tener un docente para enfrentarse a esas deprimentes realidades que le rodean sin ahogarse en un vaso de agua, porque por un lado puede ser perjudicial si uno se inmiscuye demasiado en ellas, pero por otro tampoco se puede hacer la vista gorda e ignorarlas.

El film es un canto a la enseñanza, todo aquel que le gusten los niños pequeños disfrutará de lo lindo porque por lo menos un cuarto de la misma muestra con lujo de detalles cómo son las clases por dentro: las actividades que realiza el profesor con ellos o las lecciones que aprenden, todo rodado con cámara en mano, consiguiéndose cierta reminiscencia documentalista que invita al espectador a sentir proximidad hacia los personajes. 

Además de ensalzar la educación, se reflexiona sobre otros muchos temas, como por ejemplo la pugna frecuente entre los inspectores de educación y los maestros por el cuidado de las criaturas o la imposibilidad de los gobiernos por dar más ayudas a las familias desatendidas debido a la falta de fondos. Lástima que muchas escuelas carezcan de una figura como la del maestro entregado Daniel Lefebre, interpretado magistralmente por Philippe Torreton, que consigue transmitir en cada plano la frustración y la impotencia que siente al no tener soluciones para todo... 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Despertares (1990)

Desgraciadamente Robin Williams falleció de manera inesperada hace unas semanas, todo un camaleón escénico que nos ha dejado un vasto legado de icónicos personajes, pero no sólo cómicos (que es por lo que más se le conoce en realidad), sino también excelentes registros dramáticos, como El club de los poetas muertos o El indomable Will Hunting. Ha dejado menos huella sin embargo Despertares, y eso que estuvo nominada a tres Oscar en su día; por todo ello es una ocasión idónea para recordarla...

La realizadora Penny Marshall (Big) es la responsable de este drama de corte biográfico basado en hechos reales y ambientado en los años 70, en el cual Robin Williams da vida a un abnegado médico que decide aplicar un nuevo medicamento en un grupo de pacientes que quedaron completamente inmóviles a causa de una epidemia de encefalitis durante la década de los años 20. Entre ellos se encuentra  el mismísimo Robert De Niro, ofreciendo como siempre una actuación magistral como enfermo que se recupera paulatinamente y que entabla una entrañable relación de amistad con el susodicho médico, construyéndose así un vínculo especial entre ambos a través del cual extraen valiosas lecciones.

Como cabe esperar, toda la trama gira en torno a un soberbio Williams, a quien no le queda más remedio que luchar contra la adversidad, es decir, contra los convencionalismos establecidos y el escepticismo imperante que dominan el hospital donde trabaja, con el único propósito de encontrar un remedio que devuelva la movilidad a todos los afectados, siempre bajo su criterio personal; sin pensar detenidamente en si es acertada la idea de reavivar a personas que corren el riesgo de sufrir un auténtico shock una vez son conscientes de que han pasado media vida paralizados, ajenos al paso del tiempo y a su desarrollo físico.

Al público estadounidense suele gustarle este tipo de biopics comedidos y prefabricados, en los que el protagonista (el individuo) tiende a ser altruista y debe sortear todos los obstáculos que se lo anteponen en su camino (morales, éticos y burocráticos) hasta alcanzar su objetivo concreto con el fin de sentirse realizado.

No obstante, pese a que se trata de un film desprovisto de sorpresas, la fórmula funciona porque la historia es realmente honesta y conmovedora. Además profundiza en cuestiones vitales de extraordinaria simpleza que invitan a la reflexión, recordándonos, a modo de alarma, que quizás deberíamos aprender a valorar más la belleza que existe en algo tan banal como puede ser un rutinario paseo por el parque dentro de nuestro, cada vez más acelerado y mecánico, modus vivendi.

lunes, 1 de septiembre de 2014

10000 Km (2014)

Alarmante es un calificativo sumamente endeble para definir la penosa situación que atravesamos actualmente en nuestro país, donde presenciamos atónitos cómo un ingente reguero de personas se ven obligadas a abandonarlo en busca de mejores condiciones laborales, incapaces en consecuencia de tener una estabilidad económica dentro del mismo. Todos hemos sido testigos cada cierto tiempo, y más de una vez entre lágrimas, de este exilio forzoso (por no utilizar la palabra destierro); no sólo por los medios de comunicación que lo recuerdan constantemente de forma superficial y en ocasiones frívola, sino porque conocemos en primera persona a familiares, amigos o relativos pertenecientes a nuestro entorno cotidiano que han encontrado una vía alternativa en el extranjero a través de becas y ofertas muy suculentas. Eso sí, todo sea dicho, con resultados positivos en un alto porcentaje de los casos. 

Claro que, frente a la expectación y la alegría que supone tener la oportunidad de experimentar una aventura como ésta más allá de tus propias fronteras, existen como es lógico una serie de daños colaterales, y el principal de ellos es perder el trato cercano con tus seres queridos, algo que se acentúa todavía más cuando mantienes un noviazgo. Precisamente esto les sucede a Sergi (David Verdaguer) y Álex (Natalia Tena), únicos intérpretes de la película 10000 Km, que se meten en la piel de una pareja afincada en Barcelona que lleva siete años juntos y toma la decisión de paralizar sus planes de paternidad, debido a que ella consigue un puesto en Estados Unidos.

Basándose en una experiencia personal, el realizador Carlos Marqués - Marcet refleja perfectamente en su ópera prima una coyuntura muy habitual que atraviesan numerosas parejas hoy en día: mantener una relación a distancia, en la que las entrecortadas conversaciones por Skype, el mobiliario improvisado de Ikea, los terribles desfases horarios, los inevitables celos surgidos a través del espionaje furtivo del Facebook y los cafés muy cargados se convierten en los auténticos protagonistas de una rutina agridulce. Una prueba de fuego que requiere de comprensión, generosidad y de paciencia, mucha paciencia para sobrellevarlo; virtudes que escasean últimamente, y con razón, pues por desgracia hemos aprendido a base de palos que, en los tiempos que corren, si no se es egoísta e impulsivo no se consigue prácticamente nada...  

Sin duda, lo más sorprendente de la cinta es la verosimilitud con la que está narrada, ya que las cotas de realismo que se alcanzan son considerablemente elevadas, consiguiendo que el espectador se sienta rápidamente identificado con los personajes, a quienes se coge cariño fácilmente. Además contribuye la innegable química que desprenden ambos actores, se agradece que se entreguen y pongan toda la carne en el asador, derrochando una insólita credibilidad por todos los poros. 

En definitiva, tomando este idilio como referente, el discurso del film profundiza en un dilema sentimental universal bastante interesante: ¿es más importante anteponer el beneficio personal frente al proyecto común de pareja o se pueden compatibilizar cuando existe una gran distancia de por medio? Todo depende de las circunstancias obviamente, pero el debate está abierto...



Valoración: Sobresaliente