lunes, 22 de diciembre de 2014

Solo en casa (1990)

¡Ya prácticamente es Navidad! Y antes de descansar un par de semanitas por vacaciones era justo y necesario despedirse del año revisando un clásico indispensable en estas fechas tan señaladas. Un clásico intemporal que, por muy moñas que suene, marcó mi tierna infancia, me recuerdo a mi mismo con profunda nostalgia poniéndola una y otra vez en mi antiguo video Beta sin hartarme de verla, ¡llegando incluso a quemar la cinta de tanto usarla! (desventajas de los reproductores del siglo pasado).

Chris Columbus (director entre otras de La señora Doubtfire y las dos primeras entregas de la saga Harry Potter) nos muestra en esta divertida cinta aquello que mejor sabe hacer: comedias apropiadas para toda la familia que con el paso del tiempo siguen siendo referentes habituales de cualquier conversación distendida que se precie entre amigos. 

¿Los motivos? De entrada, Solo en casa posee un elenco impecable, empezando por un tierno (y por aquel entonces todavía saludable) Macaulay Culkin, que interpreta a un niño accidentalmente abandonado en su casa por su parentela durante el periodo vacacional navideño. No es arriesgado aseverar que quizás sea uno de los mejores papeles de su breve carrera (tampoco el mejor porque en El buen hijo también lo borda), logrando que su carismático personaje se quede fácilmente grabado a fuego en el imaginario colectivo. Pero además de Culkin, no podemos olvidar al resto: Catherine O´Hara está pletórica como madre del chico en la ficción, Joe Pesci y Daniel Stern configuran una de las parejas de cacos más cómicas de la historia del cine, y como olvidar la presencia del fallecido John Candy en el rol de músico de una banda un tanto pintoresca.

Siguiendo la estela de aciertos, la banda sonora a cargo del siempre admirable John Williams es otro punto a su favor. La música está perfectamente integrada en la narración de la película, describiendo incluso los pequeños matices de los personajes a través de los acordes. Por otra parte, la trama no decae en ningún momento porque, a pesar de que muchos crean que ver a un niño como único protagonista en una casa vacía puede hacerse aburrido, en absoluto es así. El espectador va descubriendo las dificultades que entrañan tareas del hogar tan rutinarias como lavar la ropa o hacer la compra para un niño de 8 años, convirtiéndose en situaciones realmente hilarantes. 

Y por supuesto, ¿quién no recuerda el mítico grito de KEVIN saliendo de las fauces de una desesperada Catherine O´Hara en pleno vuelo cuando descubre enloquecida que se ha dejado a su hijo en casa? Inolvidable... En resumen, Solo en casa es de esas películas que nunca cansan ni aburren, muy bien estructurada y rabiosamente entretenida; la única pega es que, tras repetir el mismo equipo en una aceptable segunda parte, la franquicia fuese explotada hasta rodar una innecesaria Solo en casa 4, ya ni siquiera con los mismos protagonistas ni actores. ¡Cómo gusta estirar un producto cuando funciona!

Lo mejor: La secuencia final de las trampas caseras.

Lo peor: Sus prescindibles secuelas.

Juanmez

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cube (1997)

Claustrofobia y agobio son las dos palabras que mejor definen esta obra maestra (premiada como Mejor película en el Festival de Sitges) que el realizador Vincenzo Natali estrenó a finales de la década de los 90.

En su día fue tildada de rompedora, y no es para menos, pues contemplar cómo seis personas intentan sobrevivir encerrados en un laberinto de habitaciones cúbicas que esconde trampas mortales es algo que no se ve todos los días... Lo primero que llama la atención es su simple puesta en escena, pues la trama se desarrolla en su totalidad dentro de dicho habitáculo gigante, provocando una sensación constante de asfixia al espectador, que a su vez no cesa de preguntarse por qué y cómo los protagonistas han llegado a ese terrible lugar. Natali utiliza de manera acertada un recurso clásico del cine de ciencia - ficción (e incluso de terror): la ausencia de explicación lógica a todo lo que está sucediendo. Y funciona...

Por otra parte, los actores son todos desconocidos, pero uno consigue familiarizarse pronto con ellos sin problema. A medida que la cinta avanza, los personajes que interpretan van mostrando paulatinamente sus caracteres y revelando sus verdaderas intenciones, como si el propio Cubo les invitara (u obligara) a sacar a la luz el animal que llevan dentro, sufriendo un complejo proceso de introspección que inevitablemente se termina exteriorizando debido al reducido espacio que comparten. El mensaje que subyace constantemente es que hay que saber cooperar en situaciones límite como la que se encuentran ellos, pero la ley del más fuerte se acaba imponiendo entre los miembros del grupo.     

En definitiva, Cube es una película altamente recomendable que, con un escenario limitado y una premisa sencilla, derrocha originalidad y talento en cada plano. Difícilmente encontramos en la cartelera actual productos que consigan mantener al público asustado y en tensión sin necesidad de recurrir a lo desagradable. ¡Por desgracia cada día estamos más y más malacostumbrados a las vísceras y a los sustos gratuitos!

Lo mejor: El personaje autista.

Lo peor: Tuvo secuelas innecesarias. 

Juanmez