jueves, 19 de noviembre de 2015

Una pastelería en Tokio (2015)

Valoración: Notable

Hace poco alguien a quien tengo en alta estima me comentó que hacía tiempo que no veía una película tierna en la cartelera, y razón no le faltaba porque últimamente la mayoría de tramas suelen ser demasiado agresivas o dramáticas en exceso. Afortunadamente la última película de Naomi Kawase se aleja de estas características, convirtiéndose así en un bálsamo para todos los sentidos: la vista, el oído, e incluso el gusto, son puestos a prueba en este sencillo relato que tiene como protagonista a una entrañable anciana que, a su edad, quiere trabajar ayudando al dueño de una tienda a cocinar y vender sus "doriyakis" (pasteles típicos de Japón rellenos con una salsa de judías).    

Como era de esperar desde el lanzamiento del tráiler, el argumento gira en torno a la actriz protagonista Kirin Kiki, cuyas gesticulaciones y expresiones faciales copan sin duda gran parte del carisma del film. Sin su presencia no sería lo mismo. A su alrededor gravitan como satélites los otros dos miembros del triángulo protagonista, uno de ellos es el ya citado comerciante y la otra una joven estudiante asidua a la pastelería, configurando de este modo una acertada referencia a las tres edades de la vida (juventud, madurez y vejez). El devenir de ambos se verá influido por el personaje de Kiki, que les enseña una valiosa lección: todo ser, por muy insignificante que sea, tiene algo que contarnos... 

Fiel al estilo oriental del que es deudora, Kawase consigue llegar a nuestros corazones a través de un ritmo pausado al que muchos espectadores no están acostumbrados, una cadencia que nos permite deleitarnos con tranquilidad en esa ciudad de Tokio embellecida por los cerezos en flor. Uno consigue sentir a los árboles respirar, al viento gemir, ¡o a las mismísimas judías narrar sus historias! Y eso es precisamente lo que pretende la nipona: fundir las emociones de sus personajes con la naturaleza que les rodea, envolver al espectador con esos detalles fuera de campo que enriquecen el visionado y que hacen reflexionar sobre los pequeños placeres de nuestra vida cotidiana que muchas veces pasan inadvertidos o no apreciamos. En pocas palabras, Una pastelería en Tokio es una cinta tan deliciosa como un "doriyaki" en su punto.

Juanmez

domingo, 18 de octubre de 2015

The martian (2015)

Valoración: Notable

La filmografía de Ridley Scott ha sido altamente irregular en los últimos años, podría decirse que desde American gangster (2007) sus películas han ido de mal en peor, culminando en una innecesaria versión de la historia de Moisés que está en el Top Ten de las infumables (hasta El príncipe de Egipto era más decente). Aún así, pese a que haya dado sus bandazos, el público sigue confiando en él porque ha parido obras maestras dentro de la ciencia ficción que se han convertido con el paso de los años en referencias de culto, véanse Alien (1979) o Blade runner (1982). Por eso, a "tito" Ridley, como muchos cinéfilos le llaman cariñosamente a este lado del charco, se le perdona todo...

Y ciertamente es en la ciencia ficción donde se siente como pez en el agua, tal y como demuestra en The martian, una aventura cósmica con mayúsculas que posiblemente con el tiempo siga siendo recordada. No sólo porque su dirección de fotografía, sus efectos visuales o su banda sonora (que incluye grandes éxitos pop de los 70, destacando ABBA y David Bowie) son sensacionales, sino porque Ridley Scott combina con buen pulso emoción y humor a partes iguales a la hora de abordar una situación de supervivencia extrema: un astronauta que se queda aislado en Marte durante un largo periodo de tiempo esperando a ser rescatado. 

De forma inteligente, Scott despoja a la trama de los vestigios dramáticos a los que estamos acostumbrados en este tipo de cine, y por eso es tan interesante esta propuesta, porque rara vez nos encontramos con un personaje con tanto coraje y valor como Mark Watney, un auténtico MacGyver espacial del siglo XXI a quien apenas se nos muestra alicaído o preocupado a lo largo del metraje, sino más bien todo lo contrario: casi siempre alegre y lleno de optimismo. Obviamente, la idea de comicidad que irradia el personaje no tiene nada que ver con el cineasta, pues está inspirada en la novela de Andy Weir, que ha sido nada menos que best seller a nivel mundial. En este sentido, la adaptación ha sido bastante rigurosa, respetando fielmente el material original, teniendo siempre en cuenta que es imposible abarcarlo todo. Ya se sabe que el lenguaje cinematográfico es radicalmente opuesto del literario...

Si tuviéramos que clasificar las películas pertenecientes al evidente revival del género espacial por el que Hollywood ha apostado últimamente con éxito, Gravity de Cuarón podría tildarse como la más impactante, Interstellar de Nolan como la más metafísica, y The martian ocuparía el puesto de la más divertida sin lugar a dudas. 

Lo mejor: Está concebida como un entretenimiento de calidad y funciona.

Lo peor: La interpretación de Matt Damon es fácilmente reemplazable por la de cualquier otro actor.

Juanmez

viernes, 9 de octubre de 2015

Hitchcock (2012)

Previamente es necesario aclarar que este biopic no abarca la extensa vida del famoso cineasta pese a que dé esa impresión por el título, tan solo refleja únicamente un pasaje muy concreto de su biografía: los quebraderos de cabeza que sufrió allá por el año 1959 durante la grabación de la que se convertiría en una de sus obras magnas pese a su nefasta acogida inicial. Estamos hablando de Psicosis 

A día de hoy, es lícito aventurarse a pensar que poco más se puede aportar acerca de un rodaje que ha sido analizado con todo lujo de detalles en múltiples publicaciones y documentales que versan sobre el mismo; contribuyendo a alimentar, aún más si cabe, el mito que existe en torno a la película. Igual sucede con el propio Alfred Hitchcock, un personaje del que apenas queda algo por conocer: sus manías, sus inquietudes, sus fetiches, sus complejos, así como su desquiciante cinismo configuran la carta de presentación de uno de los directores paradójicamente más carismáticos que han existido y existirán. Cualquier seguidor del responsable de La ventana indiscreta que haya leído por ejemplo El cine según Hitchcock, donde se recoge una apasionante conversación entre el susodicho y el cineasta francés François Truffaut, no descubrirá nada que no supiera con el visionado de esta película; aunque es indiscutible que pasará un rato agradable viéndola, puesto que en ella aparecen plasmadas numerosas referencias y guiños a su filmografía que esbozarán más de una sonrisa entre sus adeptos. 

Por este motivo, lo más relevante de la cinta no es su figura (ya conocida por todos), sino que más bien es la merecida importancia que cobra su mujer Alma Reville, quien revisaba minuciosamente cada proyecto que su marido tenía entre manos. Al contrario que Anthony Hopkins, un irrisorio muñeco de cera resultante de quilos y quilos de maquillaje, más cercano a una imitación digna de Muchachada Nui que a una interpretación memorable; es una refulgente Helen Mirren la auténtica estrella de la función, devolviendo con carácter y fuerza el lugar que le corresponde a Reville, siempre oculta en un discreto segundo plano permitiendo que su partenaire se llevara toda la gloria y el reconocimiento en vida. En el film se muestra claramente como ella salva la producción, no solo consintiendo a Hitchcock la hipoteca de su vivienda para conseguir financiación ante la negativa de los estudios, sino además supervisando en el set cuando su esposo estaba indispuesto. Alma Reville es, por tanto, la gran revelación de esta cinta: por un lado una mujer talentosa que también tenía ambiciones personales, pero por otro vulnerable, celosa en el fondo de esa perenne devoción hacia las rubias con las que Hitchcock soñaba hasta despierto… 

Con respecto a los entresijos que presenta el rodaje de Psicosis en sí, quizás la secuencia de la ducha sea lo más destacable como era de esperar, con una sensual Scarlett Johansson haciendo las veces de Janet Leigh. Sin embargo, el resto de secundarios aparece muy desdibujado, desde un reservado Anthony Perkins (de quien solo se revela su orientación sexual) hasta una incómoda Vera Miles (a quien la presentan como una gran conocedora de la obsesión que tenía el realizador por el sexo opuesto). Por otra parte la atmósfera perturbadora que gira en torno al protagonista de la obra literaria, el asesino Norman Bates, está muy bien recreada en todo momento a través de conversaciones imaginarias que el personaje de ficción mantiene con el mismo Hitchcock, un fiel reflejo del enajenamiento que le producía el manuscrito original. 

En resumen, la película no deja de ser un simpático telefilme con presupuesto, pero con la particularidad de que rescata a una figura muy importante desconocida para muchos. No nos engañemos, Alfred Hitchcock era un artesano inimitable, y tal vez por este motivo sea imposible la ejecución del biopic deseable y definitivo...

Juanmez

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Irrational man (2015)

Valoración: Aprobado

Fiel a su cita anual, el incombustible Woody Allen vuelve a hacer de las suyas, intentando complacer a su público como mejor sabe. Hay que hacer hincapié en el posesivo "su", puesto que, llegados a este punto en su trayectoria, sería dudoso que el excéntrico cineasta pretendiera atraer a nuevos adeptos a su dilatada filmografía cuando ya cuenta con un gran prestigio y con un potente séquito de seguidores que rara vez le fallan. 

Siendo claros, cualquier cinéfilo sabe perfectamente a estas alturas cuáles son los temas más recurrentes del cine de Allen, un artesano experto en narrar siempre la misma historia pero de forma diferente, cambiando pequeños matices. Eso tal vez sea lo grandioso (o lo odioso, según se mire) de su personal estilo cinematográfico.

Pese a que en los últimos años su carrera se ha asemejado a la de una montaña rusa debido a la evidente alternancia entre obras sobresalientes y otras más mediocres, es innegable que sus trabajos suelen superar a la media de lo que se proyecta durante el año. Gusten o no, la suelen superar. Así que siguiendo la regla de la alternancia, tras el fiasco que supuso Magia a la luz de la luna, este año tocaba un trabajo algo más decente, y afortunadamente Irrational man lo es.

En esta ocasión, el director retoma de nuevo la visión pesimista del devenir del ser humano, ejemplificado aquí en Joaquin Phoenix, que interpreta a un profesor de filosofía con un fuerte vacío existencial, que ha perdido toda fe en su vocación, y que además sostiene que la vida forma parte de un absurdo cósmico basado en el azar y las casualidades. El intérprete está muy convincente como alter - ego destructivo de Allen, a quien por cierto desde siempre le han obsesionado los temas filosóficos, pero demostrando que no son verborrea inútil, sino que sirven para dar respuestas a las cuestiones del mundo real, aunque tristemente nuestros actuales gobernantes no sepan apreciarlo y quieran retirarla del sistema educativo. 

A Phoenix le acompaña la magnífica Emma Stone, que irradia luz con su sola presencia, dando vida a una de sus alumnas y admiradoras. Desde su inexperiencia, trata de rescatarlo de esa desidia perpetua en la que vive atrapado y juntos comienzan una relación bastante inusual de la que destacan sobre todo los diálogos que mantienen. 

Al igual que sucede en otras películas del realizador, como Delitos y faltas o Match Point, en Irrational man hallamos tintes oscuros en la psique del profesor que encajan divinamente con el desarrollo lógico de su trama y que provocan que el interés del espectador aumente a medida que avanza el metraje. Es una pena que el tercer acto se haga bastante pesado, convirtiéndose en una prolongación innecesaria del repentino e inesperado desenlace con el que culmina el film. 

Lo mejor: La interesante evolución de sus protagonistas.

Lo peor: La atropellada concatenación de hechos dramáticos en su tramo final.

Juanmez

jueves, 10 de septiembre de 2015

El pequeño salvaje (1970)

En el año 1970, el reconocido director francés François Truffaut nos obsequió con esta pequeña (por su escasa duración) gran obra que, en mi opinión, es de obligado visionado para todo aquel que sienta devoción por el aprendizaje y la educación. 

El realizador francés plasma en la pantalla su visión acerca de un caso real sucedido en las postrimerías del siglo XVIII: el del niño de 12 años Víctor de Aveyron, hallado desnudo en los bosques del sur de Francia. Tras ser enviado de un sitio a otro, fue finalmente el reputado médico Gaspard Itard (interpretado por el mismo Truffaut) quien se hizo cargo de su mantenimiento y educación. 

Desde el primer momento, el doctor Itard lo toma como un experimento que le causa interés, de modo que cada día va anotando por escrito la evolución del niño con el fin de publicar un ensayo. A lo largo del film se muestran paulatinamente los progresos y los conocimientos básicos que va adquiriendo, tales como reconocer las letras del abecedario, identificar y memorizar objetos, andar en una postura correcta, etc. En pocas palabras, el espectador asiste a un proceso de aprendizaje fenomenalmente detallado. Sin embargo, el error de Itard radica en que no trata de entender el mundo de su pupilo, sino que su único objetivo es cambiarlo porque está convencido de que "civilizarlo" es la decisión más correcta.

No se puede ignorar la influencia que la obra del pensador Jean - Jacques Rousseau ejerce sobre la cinta. Me refiero concretamente a su tesis del “buen salvaje”, ese hombre primitivo al que él consideraba un ser bondadoso, incorrupto y pacífico que vagaba por la naturaleza libremente hasta que fue pervertido por las desigualdades de la vida en sociedad. Si se establece una sencilla comparación, Víctor era libre hasta que deciden inculcarle unos valores y una conducta a la fuerza. ¿Habría sido más feliz si lo hubieran dejado en el bosque? ¿Era necesario reeducarlo bajo los preceptos de la Francia de la Ilustración? ¿Es ético que aquellos que se consideran civilizados impongan su modelo sobre otros porque crean que ese patrón que siguen es el mejor y el definitivo? Este tipo de cuestiones que siembra la película son extrapolables a nuestros días e invitan a la reflexión…

En lo referente a lo técnico, la recreación de la atmósfera está muy lograda debido a su fotografía en blanco y negro; realizada por el fotógrafo español Néstor Almendros, que capta de manera muy acertada a los protagonistas por medio de intensos primeros planos. Así mismo, cabe destacar la banda sonora, que se sirve de los deliciosos acordes de la música de Vivaldi.

Al finalizar la cinta, uno siente ganas de investigar más sobre la historia de Víctor, por tanto objetivo cumplido por parte de Truffaut, que te mantiene siempre a la expectativa, demostrando que sabe profundizar en el tema sin caer en la pedantería o la sensiblería recurrente.

Juanmez

lunes, 7 de septiembre de 2015

Anacleto, agente secreto (2015)

Valoración: Notable

A lo largo de este año hemos presenciado un resurgir del cine de espías made in Hollywood, desde Kingsman hasta Operación U.N.C.L.E. (y ahora se acerca Bond), por ello ya iba siendo hora de contar con un homólogo en nuestra cartelera que estuviera a la altura, y ese ha sido nada más y nada menos que Anacleto, agente secreto, una grata sorpresa dentro de un género casi inexistente en el cine español...

Procedente del universo Vázquez (que no Marvel), Anacleto es un personaje bastante peculiar a la vez que carismático: charcutero durante el día y agente secreto en la sombra, hará todo lo posible por mantener con vida a su único hijo, Adolfo. Con un arranque impecable ambientado en el desierto (guiño inequívoco al cómic original), la película de Javier Ruiz Caldera no decae en ningún momento en lo que a ritmo se refiere, pues está dirigida con un pulso narrativo envidiable, sabiendo alternar las secuencias de acción con las paródicas para crear situaciones preñadas de humor ácido. Aquí no encontramos por suerte ese humor español estereotipado que se sirve de chistes manidos entre republicanos y nacionales como si no hubiéramos evolucionado en más de 40 años, sino un humor inspirado fundamentalmente en los clichés intemporales de los agentes secretos con ciertos toques genuinamente españoles, como si de un Austin Powers patrio se tratase, salvando las distancias claro está.

Lógicamente, quien mejor desempeña su papel es el veterano Imanol Arias, todo un gentleman que domina cada escena como si la llevase haciendo toda su vida. Como contrapunto necesario a su personaje está Quim Gutiérrez haciendo de su hijo en la ficción, quizás el que más evoluciona durante el metraje: de pasota máximo a mano derecha de su padre y digno sucesor del mismo. Entre ambos actores se desprende una palpable compenetración. Del resto del elenco, destacan la gran Rossy de Palma haciendo de una madraza tan pintoresca que consigue acaparar todos los planos en los menos de 20 minutos que aparece, y por supuesto Carlos Areces, metido en su salsa como el villano de la función. Reconocimientos aparte a Berto Romero y Alexandra Jiménez, también muy entregados a la causa.  

Habrá quien no encuentre parecido con los tebeos originales, porque la adaptación es bastante personal, pero aunque es arriesgado aventurarse, seguramente si el propio Vázquez, tan irreverente y divertido como era, hubiera visto la cinta, habría disfrutado de lo lindo porque como dice Imanol Arias repetidas veces: "Anacleto nunca falla"...

Lo mejor: La hilarante secuencia del zumo de la verdad.

Lo peor: Que a Imanol Arias no le haya llegado este papel más joven.


Juanmez

sábado, 25 de julio de 2015

Siete novias para siete hermanos (1954)

Hoy en día puede verse perfectamente como un musical cursi, simplón, e incluso sexista, pero pese a esto, Siete novias para siete hermanos será recordada por encima de todo como una película alegre y divertida.

Su argumento quizás sirvió de inspiración al programa Granjero busca esposa, porque tiene como protagonistas a 6 hermanos que viven aislados en una casa de montaña y que deciden ir al pueblo en busca de una mujer, después de que el mayor de ellos, Adam (Howard Keel), encontrase a una llamada Milly (Jane Powell)... 

La columna vertebral de la película es su banda sonora (por la cual recibió un premio Oscar), que llena cada secuencia acompañando los movimientos de cada uno de sus personajes. Junto a la música, aparecen bailes inolvidables: llenos de saltos atléticos y acrobacias por doquier. Se nota que el director de la cinta, Stanley Donen, era también coreógrafo y bailarín (de hecho había codirigido junto a Gene Kelly Cantando bajo la lluvia y Un día en Nueva York años antes). Entre sus mejores números cabe destacar dos: aquel en el que Jane Powell da clases al resto de los hermanos de su marido para que sean galantes con las damas, y en segundo lugar, la competición de baile en la granja, con secuencia de baile incluida.

En líneas generales, la estética del film es luminosa a más no poder, tal vez a veces resulta un poco estridente ver todo plagado de colores excesivamente vivos, pero a medida que avanza el metraje uno se va acostumbrando. No obstante, el tono no siempre es festivo, ya que también se alterna con momentos más tristes, resaltando por ejemplo el melancólico fragmento en que los hermanos añoran a sus chicas mientras cortan leña y suena el tema Lonesome polecat de fondo.  

En resumen, una delicia audiovisual para todos aquellos amantes del cine clásico en general, y del musical en particular...

Juanmez

jueves, 23 de julio de 2015

Love and mercy (2015)

Valoración: Notable

Condensar la biografía de alguien tan reconocido como lo es fundador de los Beach Boys en tan solo dos horas es una tarea harto complicada, y más si cabe para un director novel como lo es Bill Pohlad. Sin embargo, el inexperto realizador ha sabido escoger aquellos momentos cruciales en la vida del artista, ofreciéndonos un biopic poco convencional donde el espectador puede sentirse como un músico más de la banda que tuvo tanto éxito desde la década de los 60 en adelante. 

Abandonando el orden temporal lineal de la narración al que estamos acostumbrados en este tipo de género, el mayor acierto de Pohlad es que prefiere detenerse en transmitir una mezcla de sensaciones al público (conseguidas gracias a los brillantes efectos de sonido de Atticus Ross), sensaciones procedentes de la atormentada mente de un genio como Brian Wilson, en lugar de centrarse en los aspectos más manidos de la trayectoria de un músico famoso, vistos ya innumerables veces en otras películas y que en esta cinta solo se abordan someramente como un complemento necesario (maltrato paterno, drogas, etc.).

Además, los saltos temporales permiten intercalar secuencias sublimes de su pasado, como por ejemplo el maravilloso germen de la melodía de God only knows en un piano, con otras más desoladoras de la década de los 80 en las que Wilson vivió acongojado por el terapeuta que le cuidaba, interpretado por un inquietante Paul Giamatti. Tal vez muchos se sorprendan con su visionado porque no conocen esta cara B tan deprimente de la existencia de Brian Wilson, donde queda patente que no todo han sido vino y rosas en su camino, sino que también existió ese dark side of the moon, común denominador de tantos y tantos líderes musicales de su generación.    

Otra de las claves del film es el apartado actoral, en el que Paul Dano se lleva todo el peso interpretativo haciendo de un joven Brian Wilson y cumple con nota. También John Cusack está muy convincente y menos sobreactuado que de costumbre, no obstante la que más sorprende es Elizabeth Banks, actriz que ha ampliado considerablemente su variada gama de registros, y ya nada tiene que ver con aquella niña desconocida e ingenua de ¿Hacemos una porno?   

Da gusto encontrar en la árida cartelera veraniega, ávida de productos de calidad, este gran tributo a uno de los mejores compositores del siglo pasado. Seguramente, pese a que no ha hecho mucho ruido en su promoción, se convertirá en una de las "good vibrations" de la temporada.

Lo mejor: La singular plasmación del proceso creativo de los temas musicales en el estudio de grabación.

Lo peor: Retazos de la vida de Wilson que quedan inevitablemente desdibujados, como sucede en la mayoría de biopics.

Juanmez

sábado, 18 de julio de 2015

Inside out (2015)

Valoración: Sobresaliente

Desde hace más de una década, la expresión "Pixar lo ha vuelto a lograr" se ha convertido ya en recurrente cuando los espectadores salen del cine con una sonrisa dibujada (y el reguero de alguna lagrimilla) en sus rostros tras haber visto la última película del famoso estudio. Y no es para menos porque sus responsables se superan cada año, esforzándose por hacernos sentir como unos auténticos privilegiados, prueba fehaciente de ello la tenemos de nuevo en Inside out, otro acierto que eleva el cine de animación a la categoría de arte, equiparable al que está filmado con actores de carne y hueso.

Nos encontramos ante una propuesta inteligente, destinada tanto a niños como a adultos, que explora algo tan complejo como son las emociones más primarias dentro de la mente de una niña pequeña llamada Riley, obligada a aceptar bruscamente el tránsito hacia la pubertad cuando se muda de ciudad con sus padres dejando atrás todo aquello que le hacía feliz. 

La cinta se sirve magistralmente de este acontecimiento para reflejar esa etapa tan confusa en la que pasamos inexplicablemente de la ira a la alegría en un santiamén, ya que no siempre somos capaces de asimilar moderadamente los cambios bruscos que suceden en nuestra vida, a menudo necesitamos de un proceso. Resulta paradójico que a cualquier edad sigamos experimentando sensaciones aparentemente contradictorias a diario que, sin embargo, se complementan a la perfección. 

Por otra parte, además de su potente estética visual, dotada de un colorismo y un dinamismo insólitos, lo fascinante de Inside out es la forma en que apela directamente a esos sentimientos y recuerdos más recónditos de nuestra tierna infancia que creíamos olvidados o que con el irremediable paso del tiempo, desgraciadamente, vamos olvidando... Y es que Inside out es, ante todo, un homenaje a la infancia, al igual que lo fue la saga de Toy story.  

Asimismo encierra una valiosa lección: nos recuerda que hay que ser optimista y disfrutar de lo que nos rodea, pero paralelamente nos enseña que a veces son también necesarios los momentos dolorosos para poder aprender y madurar. En definitiva, es prácticamente imposible permanecer indiferente ante el amplio abanico de emociones que la película recorre. ¡Habría que ser muy insensible!

Lo mejor: El fragmento en el que Tristeza y Alegría se introducen en la zona abstracta.

Lo peor: Que algunos la infravaloren por considerar que es cine exclusivamente para niños.


Juanmez

miércoles, 17 de junio de 2015

El diablo sobre ruedas (1971)

Aprovechando el tirón de Jurassic World, secuela de una franquicia iniciada por Steven Spielberg, es una ocasión más que idónea para recordar el primer largometraje del famoso realizador, que aquí en España se tradujo como El diablo sobre ruedas. 

Desde que empezó a filmar películas hace más de 40 años ya, Spielberg siempre ha contado con una inmensa legión de seguidores y detractores por igual. Unos argumentan que su cine es entretenimiento inteligente e impactante a partes iguales, mientras que otros lo acusan de caer siempre en el maniqueísmo y el efectismo recurrente, sirviéndose siempre de la lágrima fácil. El debate siempre ha estado abierto...

Generalmente, El diablo sobre ruedas ha puesto siempre de acuerdo tanto a sus fieles como a sus opositoresConcebida inicialmente para la televisión, fue de tal magnitud su calidad que terminó proyectándose en pantalla grande. El ingrediente clave de su éxito radica en la extrema sencillez de la historia: un hombre corriente conduce tranquilo por las carreteras de EEUU, cuando se percata de que está siendo perseguido incesantemente por un camión cisterna (dirigido por un maníaco sin identificar) que pretende acabar con su vida sin un motivo aparente. 

Filmada con un presupuesto bajísimo en un tiempo récord de 13 días aproximadamente, el joven y audaz Spielberg ya apuntaba maneras con esta trepidante cinta que te deja sin aliento y te pone de los nervios desde el minuto uno. Son escasas las secuencias en las que el espectador puede relajarse entre tanta tensión. Además de tener un montaje espectacular (es digno de mención el uso continuado del zoom en algunos encuadres) aderezado por una música minimalista, es realmente interesante cómo se consigue materializar la sensación de miedo en un simple camión, a cuyo conductor no le vemos el rostro. Esto es, sin duda, lo más asombroso, ya que el cineasta se las ingenia utilizando cualquier obstáculo para impedir que el protagonista (y por ende, el espectador) logre ver al conductor del siniestro vehículo. Como hizo en Tiburón posteriormente, explota el miedo a una amenaza desconocida; sólo un maestro de la dirección como él consigue crear de manera convincente una atmósfera cargada de suspense únicamente con un camión que enciende las largas delanteras en la oscuridad de un túnel. 

Hay quien a lo mejor podría considerar muy redundantes y cansinos los planos en carretera, pero sería una queja con poco fundamento porque al tratarse de una persecución de coches, es casi imposible no repetir planos, máxime cuando la película dura 90 minutos (ya de por sí es una hazaña admirable conseguir que el film no aburra, y si no que se lo digan a George Miller y su revisión de Mad Max este mismo año 2015). 

Con el paso de los años esta road – movie que ha envejecido bastante bien, ha sido encumbrada por muchos a la categoría de “película de culto”. Y es que Spielberg tendrá sus detractores, pero ya quisieran la mayoría de directores noveles debutar con óperas primas igual de brillantes como lo fue El diablo sobre ruedas en su día. Es lógico que ostentara el título de "rey Midas de Hollywood", pues vende al público lo que más le gusta desde que comenzó su carrera, y encima sabe hacerlo mejor que nadie.

Juanmez

sábado, 13 de junio de 2015

Jurassic world (2015)

Valoración: Notable

¡Redoble de tambores porque por fin llegó a los cines la madre de todos los blockbusters para el que no han reparado en gastos en campañas publicitarias! Efectivamente, este fin de semana se ha estrenado Jurassic World, sin duda uno de los proyectos cinematográficos más esperados de este 2015, algo completamente comprensible por una triple razón: en primer lugar está apadrinada de nuevo por Steven Spielberg, director de las dos primeras partes y por consiguiente sinónimo de relativa fiabilidad (y de pasta asegurada), en segundo lugar, supuso tal fracaso la última entrega de la trilogía que muy difícilmente se podía igualar o superar ese estropicio, y por último no hay que olvidar que ha pasado un tiempo prudencial para que la saga se oxigenase. 

Además, aquellos espectadores que hace más de dos décadas no habían nacido o eran demasiado pequeños para disfrutar en pantalla grande de esa sobrecogedora (y ya mítica) entrada al parque de dinosaurios más famoso de la historia, la podrán experimentar ahora 20 años después rodeados de los familiares y amigos que sí pudieron hacerlo en su día, felices también a su vez por reencontrarse con la nostalgia que sentirán al verla. En pocas palabras, todos sabíamos por un motivo u otro que pasaríamos por el aro, sin importarnos la calidad de la película, porque se trataba (y se trata) al fin y al cabo de uno de los must - see ineludibles de este año, un producto predestinado a arrasar en taquilla este verano. 

Dicho esto, ¿cumple la cinta las expectativas creadas?, ¿estaba el hype justificado?, ¿es digna deudora de las originales? Pues a tenor de lo visto la respuesta es sí, aunque previamente es necesario mentalizar a los más optimistas de que en absoluto recupera esa majestuosidad que envolvía a la primigenia, por mucho que intente aproximarse a la misma a través de numerosos guiños y referencias, evidentes tanto en los elementos de atrezzo como en el desarrollo de ciertas secuencias prácticamente calcadas a modo de homenaje. En esta secuela esa atmósfera mágica es casi inexistente debido a la impersonalidad de Colin Trevorrow, un director bastante novato a quien tal vez le haya venido grande el encargo. Pero a ello también contribuye el abusivo uso de efectos digitales que, en lugar de dotar de un mayor realismo a las criaturas, desgraciadamente se lo resta. ¿De qué sirve el CGI si no se sabe utilizar en condiciones? Esto no es un videojuego, ¡es cine! Y no basta con dar movimiento a un dinosaurio, hay que hacer creer al espectador que puede tocarlo, y eso no siempre se logra...

Sin embargo pese a ello, la película aguanta bien el tirón de 120 minutos con un ritmo envidiable, tal vez la excelente banda sonora de Giacchino como hilo conductor, las nuevas atracciones del propio parque en sí o las tiranteces entre los personajes de Chris Pratt y Bryce Dallas Howard (muy correctos ambos) ayuden mucho. Asimismo consigue mantener la tensión en el espectador en ciertos fragmentos. Por tanto, ¿qué más se puede pedir? Es innegable que como entretenimiento veraniego funciona, virtud de la que carecen la mayoría de films que se estrenan por estas fechas, así que ¿por qué no desconectar la mente un par de horas y dejarse llevar? ¡Bienvenidos pues (con sus virtudes y sus defectos) a Jurassic World

Lo mejor: Como de costumbre, las trepidantes secuencias con los velociraptores.

Lo peor: El excesivo, descarado e injustificado bombardeo de marcas publicitarias que aparecen de forma explícita a lo largo del metraje.

Juanmez

viernes, 29 de mayo de 2015

El discurso del rey (2010)

Cuando se reúnen en una misma película aquellos ingredientes idóneos para que ésta funcione (un sólido guion, un reparto de calidad y una lograda ambientación), rara vez suele ser un fracaso, y esta producción del 2010 no entra en esa excepción… Ejemplarmente narrada, esta cinta que aborda el problema de tartamudez que atormentaba al monarca inglés Jorge VI se erige como una impoluta y correctísima obra maestra que sonsacará alguna que otra sonrisa (o lágrima) a todo el que la vea… 

El mayor peso del film recae en su sabiamente escogido reparto british, sobresaliendo indiscutiblemente por méritos propios es Colin Firth, quien ganó el Oscar por su exquisita interpretación llena de sutiles matices. En su rostro se perciben múltiples sensaciones que transmiten cercanía al espectador: la inseguridad que muestra por la tartamudez desde su infancia, su miedo a hablar en público o la responsabilidad que supone asumir ser rey sin desearlo. En definitiva, una actuación de diez que no habría sido posible sin el mano a mano que su personaje tiene con el interpretado por un carismático Geoffrey Rush, que da vida al logopeda que ayudó al monarca a superar su trauma. Rush sabe dar la réplica a Firth sin inmutarse lo más mínimo, es otro grande entre los grandes. En cuanto a Helena Bonham Carter, Michael Gambon y Guy Pierce nada que objetar, también están de lujo.

Como de lujo está todo lo demás vamos, pues el libreto por ejemplo no se queda atrás: el film abre con un discurso del rey en público en el que vemos a un Firth aterrorizado frente al micrófono, y concluye a su vez cerrando el círculo con otro muy emotivo que muestra la evolución el personaje principal. Por otra parte, queda muy bien integrado el contexto político en el que se enmarca la película, seleccionando lo esencial para comprender qué sucedía en Europa en el preludio de la Segunda Guerra Mundial. 

Cierto es que en El discurso del rey no hay cabida para la sorpresa, es todo bastante previsible, sin embargo eso no impide que la película sea una auténtica joya que debería ser vista por cualquiera que se considere amante del séptimo arte porque, además de todo lo citado ya, hay que añadir que la trama no decae en ningún momento, que posee una factura impecable (destacando la banda sonora del maestro Desplat y la fotografía de Danny Cohen) y que además alterna fluidamente la comedia y el drama. ¿Qué más se puede pedir?

Juanmez

sábado, 16 de mayo de 2015

Mad Max, furia en la carretera (2015)

Valoración: Sobresaliente

Cuando salió a la luz el tráiler de esta película la primera impresión fue la de otro remake de inspiración ochentera dirigido por un chupatintas cualquiera y destinado únicamente a conseguir pasta fácil, sin embargo tras revelarse que su director sería George Miller (el mismo de la trilogía original protagonizada por Mel Gibson) las perspectivas cambiaron de forma positiva, reforzadas además por la excelente acogida que la cinta ha obtenido en el prestigioso Festival de Cannes recientemente. Razones de peso para darle una oportunidad a su visionado en pantalla grande.

Mad Max, furia en la carretera nos traslada a un mundo post-apocalíptico en el que la gasolina o el agua son bienes que escasean y pertenecen a manos de una minoría. Sobrevivir por tanto es un privilegio y por ello un grupo de rebeldes intentará sublevarse ante esa dictadura establecida. Miller apuesta por el poder de la imagen en lugar de servirse de los diálogos, bastante escasos de hecho, para narrar lo que está sucediendo. Y funciona sobradamente. El guion es impecable, ya que con una sencillez aplastante nos engancha durante dos horas en las que no da tiempo ni de respirar, sin necesidad de explicaciones rimbombantes.  

Aquellos que piensen que deberían haber visto la saga previa en la que se inspira este western futurista para entenderla pueden estar tranquilos, porque en absoluto es necesario si quieren deleitarse con este festín audiovisual de primera categoría, provisto de secuencias completamente orgásmicas desde el punto de vista fílmico. Hacía tiempo que no se veía un montaje tan frenético dentro del género, habiendo en algunas persecuciones de coches un cambio de plano cada menos de tres segundos, un dato impresionante. A todo ello se suma su impresionante dirección artística, el extraordinario trabajo de fotografía, así como la banda sonora a cargo de Junkie XL, que contribuye a sumergirnos aún más en dichas carreras con esos acordes de guitarra eléctrica que cabalgan entre el heavy y el punk, dignos del mejor concierto de Metallica. Por supuesto, sin olvidar la química que desprenden Tom Hardy y Charlize Theron, que derrochan fuerza y carisma en cada plano. 

Es difícil en los tiempos que corren dominados por los efectos digitales, encontrar este trabajo de planificación tan meticuloso rodado a la antigua usanza, siguiendo los patrones de la vieja escuela. Afortunadamente la Warner ha confiado en Miller, dándole absoluta libertad creativa y un alto presupuesto para recrear este universo tan despiadado donde la sensación de amenaza es constante. ¡Esto es una película de acción y no Los Vengadores: la era de Ultrón! ¡Que aprendan! Y una última recomendación: ¡vedla sí o sí en el cine! No os defraudará...   

Lo mejor: Sus adrenalínicos 40 primeros minutos, un opening de proporciones épicas.

Lo peor: La posibilidad de que haya una innecesaria secuela si tiene éxito en taquilla. 

Juanmez

jueves, 14 de mayo de 2015

A cambio de nada (2015)

Valoración: Aprobado

Dijo textualmente J. A. Bayona en su discurso cuando recogía su Goya a Mejor Dirección por Lo imposible en el año 2013: "el cine español necesita películas grandes, medianas y pequeñas..." Y razón no le faltaba en este mensaje cuanto menos optimista, pues aunque asumía que su cinta había sido un éxito de taquilla debido en gran medida a su alto presupuesto y a la potentísima (y persistente) campaña publicitaria que la avalaba, no dejaba de hacer un llamamiento al cine que no está respaldado por grandes estudios, ese cine cuyo objetivo es contar una historia sencilla que cale hondo en los espectadores, que conecte con ellos para bien o para mal, pero que conecte a fin de cuentas, sin importar cuánto dinero haya costado...

Vivimos tiempos perros, muy perros. En cualquier sector. El ámbito cinematográfico no es una excepción. Sin embargo, esta deprimente situación no debería impedir que un realizador novel, enérgico y audaz se arriesgue a embarcarse en un proyecto que necesite nada más y nada menos que de tres años de financiación, tal y como le ha sucedido a Daniel Guzmán, conocido sobre todo entre el gran público por su papel de novio de la pija en la extinta (y maravillosa) serie Aquí no hay quien viva. Para quienes lo desconozcan, el susodicho en cuestión ya apuntaba maneras tras las cámaras en su cortometraje Sueños, y su recompensa le ha llegado una década más tarde con el estreno de su primer largometraje A cambio de nada, alzándose con la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga. 

Con el tiempo posiblemente la cinta pase desapercibida, ya que de nuevo aborda una temática social bastante manoseada, centrada en la figura de un adolescente inmerso en una situación muy similar a la del protagonista de Los 400 golpes de Truffaut, pero a lo barriobajero. No obstante, pese a que su guion no ofrece nada nuevo que no hayamos visto antes, es innegable que A cambio de nada está bien dirigida: posee secuencias realmente interesantes (la del metro por ejemplo), unas interpretaciones soberbias (todo el elenco es exquisito), y además es entrañable en ciertos pasajes. 

Por ello, y lejos de valoraciones acerca de la originalidad de su contenido, es de justicia aplaudir el trabajo de Guzmán, porque quizás su película no sea una obra maestra (seguramente ni él lo pretendía), pero ha demostrado tener arrojo, entusiasmo y honestidad a la hora de narrar esta sencilla historia a la que hacíamos referencia antes, dotándola de personalidad, ignorando las críticas negativas, y sabiendo sacar partido de forma ejemplar a los escasos recursos y medios que tenía a su alcance, como es el caso de la acertada intervención de su propia abuela Antonia, secundaria de lujo que se convierte en el principal reclamo del conjunto, por encima incluso de la participación estelar de Luis Tosar. Lo dicho, gracias Daniel, por no rendirte y por echarle huevos...

Lo mejor: Antonia Guzmán.

Lo peor: Una inevitable sensación de déjà vu


Juanmez

domingo, 15 de febrero de 2015

50 sombras de Grey (2015)

Valoración: Suspenso

Por fin llegó San Valentín, y con él se estrenó uno de los productos publicitarios (porque no nos engañemos, es lo que es), más esperados de este año, acompañado de una de las campañas de promoción y de marketing más exhaustivas que se recuerdan, ¿quién no ha recibido estos días por Whatsapp, Facebook o cualquier sucedáneo de red social una parodia de la película de marras? Gifts y chistes que no hacen otra cosa que incrementar las ganas por ver qué contiene la dichosa cinta basada en el best seller de éxito mundial que incomprensiblemente ha causado furor entre el público femenino de todas (sí, sí, TODAS) las edades...

A pesar de contar con un tráiler llamativo, como cabía esperar 50 sombras de Grey no ofrece todo aquello que en su avance parecía prometer. Nos encontramos pues ante una comedia romántica convencional más, del montón, con la salvedad de que en ella aparecen dos o tres secuencias mal contadas de un "sadomasoquismo" light y edulcorado para el gran público que no saciarán el morbo de muchos espectadores, sino que por el contrario les decepcionarán. Por tanto una advertencia: si esperáis encontrar escenas de sexo hardcore quitaos la tórrida idea de la cabeza, ya que no se ve nada del otro mundo...

Aunque esto era esperable porque los estrictos códigos puritanos que imperan dentro del cine comercial estadounidense impiden (salvo contadísimas excepciones) mostrar por ejemplo un miembro viril en pleno apogeo o en reposo, sin embargo de forma paradójica parece que sí puede aparecer sutilmente la pelvis femenina en todo su esplendor (¡cuanta contradicción!). 

En cuanto a guion tampoco hay nada destacable, pues el film es lento, monótono, pesado, previsible, con personajes huecos y diálogos que parecen copiados de otras películas del género, sin imaginación ni originalidad alguna, capaces de aburrir y adormentar hasta a los fans más hormonados. Tal vez lo más salvable sea la versión de la canción Crazy in love interpretada por Beyoncé, así como el empeño que pone la inexperta Dakota Johnson, cuyo rostro transmite esa candidez que el personaje que interpreta requiere. Jamie Dornan en cambio parece un modelo de Calvin Klein o Dolce y Gabanna que básicamente se limita a enseñar sus glúteos y sus oblícuos, ya que su interpretación es realmente nula (Matt Bomer habría sido mejor elección). 

Podría decirse que 50 sombras de Grey es una suerte de Crepúsculo más adulto (con todo lo que eso conlleva) destinado mayoritariamente a mujeres que se echan unas carcajadas ante el desconocimiento del significado de la palabra fisting, y que se escandalizan cuando salen de la sala y lo buscan en Google. Deberían cambiar el eslogan del cartel y donde pone "Pierde el control" debería rezar: "Pierde el dinero"...

Lo mejor: Por salvar algo... ¿Dakota Johnson?

Lo peor: La ausencia de ritmo narrativo.

Juanmez

lunes, 9 de febrero de 2015

El fugitivo (1993)

Cada vez que echan esta película inspirada en la famosa serie homónima de los 60 me acabo enganchando, tal vez se deba a su ritmo trepidante, a que cuenta con unos consolidados actores, o bien a su adictiva trama que no requiere muchos quebraderos de cabeza. A continuación enumeraré los motivos por los que considero que estamos ante una cinta que merece la pena ver:

1. Cuenta con protagonistas convincentes en estado de gracia: Harrison Ford da la talla en su rol de perseguido frustrado en busca de la verdad, pero por muchos esfuerzos que ponga, no consigue eclipsar al inmenso Tommy Lee Jones, dueño y señor indiscutible de la función en su papel de inspector de policía infatigable. La fuerza y el carácter que imprimió a su personaje le valieron para obtener el Oscar ese mismo año (el único de los 7 a los que la película estaba nominada) derrotando a pesos pesados como Ralph Fiennes, Pete Postlethwaite, John Malkovich o Leonardo DiCaprio. Podría despotricar durante horas manifestando mi disconformidad con este galardón porque considero que los otros cuatro lo merecían mucho más que él, sin embargo hay que recordar que en estas situaciones tan tensas en las que hay tantos grandes compitiendo, los Oscars casi siempre se salen por la tangente optando por el candidato más inesperado y menos arriesgado; por lo tanto no me sorprende a estas alturas… Por otra parte, sería absurdo pagarlo con Tommy Lee Jones, que además de estar creíble y muy natural en su actuación, estaba nominado y lo merecía igual que el resto de sus compañeros candidatos. Antes de terminar con este extenso apartado actoral, no puedo olvidarme de la joven Julianne Moore, que aparece tan correcta como de costumbre. 

2. Incluye secuencias de acción icónicas dentro del género que están muy bien ejecutadas, por ejemplo ¿quién no ha visto alguna vez la inolvidable escena en la que Harrison Ford salta al vacío desde el desagüe de una presa al ser acorralado por Tommy Lee Jones o esa espectacular fuga del autobús?

3. Posee un dinamismo frenético y contagioso: toda la cinta es literalmente un “no parar” porque en ella se concatenan una persecución tras otra al más puro estilo “Tom y Jerry”. En ningún momento se respira tranquilidad y el espectador consigue identificarse con el personaje de Ford desde el minuto uno porque entiende la angustia que está viviendo.

4. Es un thriller brillante que ha servido de modelo para muchas películas posteriores del género de persecuciones: si lo pensamos bien, han seguido haciendo la misma historia una y otra vez, con alguna que otra modificación.

5. Exceptuando a los gafapastas que van de pedantes y que no atienden a razones, respeto a los cinéfilos con criterio que prefieren no malgastar su tiempo viendo este tipo de productos tan comerciales y “blockbusterianos” por muy buena crítica que tengan, porque presuponen que están plagados de personajes bidimensionales y arquetípicos que bailan al son de un guión más plano que una tabla de planchar. Sin embargo, les diría que se equivocan, ya que también hay que darle una oportunidad a este tipo de películas, cuya función principal es entretener. 

A menudo es sano atreverse a desconectar con este “cine de evasión”, del que se pueden extraer a veces elementos con la misma enjundia que los que podría ofrecer cualquier película de cine independiente. Aunque cueste creerlo, esto pasa con más frecuencia de la que pensamos…

Juanmez

lunes, 2 de febrero de 2015

La costilla de Adán (1949)

La costilla de Adán es una prueba fehaciente de que unir a dos estrellas archiconocidas que mantienen una relación en la vida real en una misma película no es un fenómeno exclusivo del cine de las últimas décadas, sino que es algo que ya se estilaba en los años 40. Antes que otras inolvidables parejas que han compartido pantalla como Elizabeth Taylor y Richard Burton, Woody Allen y Diane Keaton/Mia Farrow o Kenneth Branagh y Emma Thompson (por citar ejemplos al azar), no podemos olvidar a Katharine Hepburn y Spencer Tracy, que además protagonizaron más films juntos...

George Cukor dirige esta divertida comedia en la que aborda de manera ingeniosa la eterna batalla de sexos y que ha servido de modelo para muchas cintas posteriores. Su principal baza es el tándem formado por la incomparable pareja, cuya complicidad es palpable en todo momento. Al tener que interpretar a un matrimonio de abogados enfrentados en un mismo caso, ambos se comportan como si no hubiera cámara que les grabase, aprovechando al máximo la química que existía entre ellos fuera del rodaje. Son, sin lugar a duda, el motor de la película. 

Aparte de los protagonistas, quizás lo siguiente a ser destacado son los diálogos: ágiles, inteligentes, e incluso diría que muy actuales. Buena prueba de ello son las discusiones sobre estereotipos sexuales, perfectamente extrapolables a cualquier conversación que se pueda mantener hoy día. No es un tema desfasado porque la guerra de sexos es y será un tópico que siempre funcionará. El personaje de Katharine Hepburn defiende la igualdad de oportunidades para las mujeres, al contrario que su marido, quien se niega a admitir que eso sea posible considerándolo un ataque a su propia hombría. Esta disputa genera una rivalidad entre ambos protagonistas que traspasa los juzgados hasta el punto de resentir la vida conyugal que comparten juntos en la ficción.

Una gran comedia a fin de cuentas donde destacan varias secuencias brillantes, pero la más memorable es aquella en la que ambos durante el juicio se lanzan miradas cómplices bajo la mesa que comparten. 

Lo mejor: La elegancia que derrocha Hepburn en cada plano.

Lo peor: El insoportable tema musical que se repite hasta la saciedad.

Juanmez

lunes, 19 de enero de 2015

Whiplash (2014)

Valoración: Sobresaliente

Comentaba el director de Whiplash, Damien Chazelle, en unas recientes declaraciones: "quise hacer una película sobre música que se pareciera a una película de mafiosos, donde los instrumentos representaran las armas y las palabras fueran tan violentas como la pistola"  ¡Y vaya si ha conseguido plasmarlo en su obra! 

Ganadora del Festival de Sundance este año, donde la crítica y el público unánimemente sucumbieron a sus encantos, Whiplash aborda una visión despiadada y frenética de la pasión por la música, concebida aquí como medio de evasión y afán de superación por el jovencito protagonista de la historia, un virtuoso que se desvive y obsesiona hasta llegar a los sacrificios más insospechados por convertirse en uno de los mejores bateristas de jazz que hayan existido, sino el mejor. En su camino hacia la maestría tiene que lidiar con su estricto profesor de conservatorio, un amante del jazz con fuerte carácter cuyos métodos de enseñanza sobrepasan los límites en numerosas ocasiones en aras de obtener la excelencia artística. 

Cada uno de ellos persigue el mismo fin pero al querer alcanzarlo por vías distintas, entablan una estrecha a la vez que insana relación amor - odio que va in crescendo hasta alcanzar su inevitable cenit. Es entonces cuando comienza el implacable cara a cara entre ambos, alumno versus maestro, un enfrentamiento de proporciones épicas que consigue que el espectador se quede boquiabierto y pegado a su butaca debido a los chorreones de sudor que atraviesan su espalda durante casi dos horas, sin tiempo para tomar aliento o mirar el reloj. No hay apenas diálogos, tan solo dos hombres posesos luchando en un mismo escenario con sus respectivas armas, una batuta y una batería respectivamente, intentando dar lo mejor de sí mismos para alcanzar la gloria. 

Sin embargo, dejando a un lado este inigualable duelo actoral interpretado por unos descomunales J. K. Simmons y Miles Teller; en realidad, la auténtica protagonista de Whiplash es la música, nada raro si tenemos en cuenta que el realizador de la cinta es un forofo del jazz. Plano tras plano, el frenético montaje se va desarrollando a través de golpes de baqueta, resonar de trompetas y redobles de platillos. La banda sonora es por tanto un elemento imprescindible que contribuye a que los instintos depredadores de los competidores salga a la luz.   

Damien Chazelle ha logrado, con vigor y valentía, deleitar tanto a cinéfilos como a melómanos con esta maravilla del Séptimo Arte, que por supuesto cuenta con loables antecedentes como All that jazz o El cisne negro entre otros, referentes en los que seguro se ha inspirado a la hora de dirigirla.  

Lo mejor: Su apoteósico tramo final, cine en estado puro. 

Lo peor: Parece que todo el reconocimiento interpretativo gira en torno a J. K. Simmons, cuando su partenaire Miles Teller está también sensacional. 

Juanmez

lunes, 12 de enero de 2015

La teoría del todo (2014)

Valoración: Notable

Comenzamos este 2015 con una avalancha de biopics dispuestos a acaparar todos los premios posibles de la temporada que comenzó anoche con los Globos de Oro y que culminará con los Oscar. Este género ha ido convenciendo poco a poco al público americano, y por supuesto, a los productores de Hollywood, que han descubierto en este tipo de proyectos comedidos, amables y emotivos en su mayoría todo un filón para conseguir una recaudación alta en el box office. Y es lícito aprovecharse de ello porque a la gente parece gustarle cada vez más el hecho de averiguar por ejemplo cómo fue la tormentosa vida del matemático Alan Turing (Descifrando Enigma), o cuáles fueron las dolorosas experiencias que tuvo que atravesar el atleta Louis Zamperini (Invencible). El problema es que al tratarse de un boom, termina siendo muy repetitivo, y pocas películas de este estilo consiguen realmente aportar algo innovador dentro de lo que podríamos considerar el lenguaje cinematográfico. 
  
La teoría del todo tampoco arriesga demasiado que digamos, pues se centra en mostrarnos la relación amorosa que vivieron el reputado y conocido astrofísico Stephen Hawking y su primera esposa Jane Wilde, mujer entregada y sacrificada donde las haya, que tuvo que cuidar de él y sus tres hijos desde el primer instante en que a él le diagnosticaron la enfermedad motoneuronal que sigue padeciendo en la actualidad y que le impide moverse o articular palabra. Por tanto un drama duro de ver, que cuenta una historia de superación al estilo de Mi pie izquierdo, pero que a fin de cuentas no ofrece ningún elemento novedoso. Sin embargo, no estamos ante un biopic al uso, porque a diferencia de muchas películas que lamentablemente se realizan y estrenan una vez que el personaje ha fallecido, en esta ocasión es de agradecer que se rinda homenaje al que posiblemente sea el científico más importante de los últimos tiempos mientras sigue vivo, para que así pueda disfrutar en una sala de cine del resultado final de la película. Por este motivo además, se nota que la cinta ha sido filmada con muy buen gusto, cuidando hasta el más pequeño detalle, con vistas a que los espectadores descubran, o incluso conecten, aun mejor con la biografía del singular científico; consiguiendo así un producto quizás algo sensiblero pero a su vez cargado de afecto y respeto, que realza la importancia que el legado de su obra ha supuesto dentro del campo de la ciencia.

Sin embargo, nada de esto habría sido posible sin la monumental interpretación de Eddie Redmayne, que se mimetiza con Hawking hasta tal punto que podría confundirse con el auténtico. Su caracterización es impresionante, sobre todo la parte en la que está postrado en la silla de ruedas y tiene que adoptar las posturas corporales del popular cosmólogo, logrando transmitir y emocionar con pocas palabras, profundas miradas y tiernas sonrisas. Un papel que lo ha encumbrado como actor y por el que posiblemente consiga el Oscar de la Academia este año. Tampoco se queda atrás Felicity Jones dando vida a su primera cónyuge en la ficción, toda una auténtica revelación a nivel interpretativo. 

En suma, La teoría del todo no deja de ser un sentido alegato a las ganas de luchar y de vivir, un mensaje esperanzador capaz de influir a muchas personas que atraviesan situaciones difíciles y que deben superarse día tras día...    
    
Lo mejor: La interpretación de Eddie Redmayne, tal y como cabía esperar.

Lo peor: Se echa en falta mayor profundidad en las teorías que Stephen Hawking ha desarrollado sobre las leyes que gobiernan el Universo.

Juanmez