lunes, 19 de enero de 2015

Whiplash (2014)

Valoración: Sobresaliente

Comentaba el director de Whiplash, Damien Chazelle, en unas recientes declaraciones: "quise hacer una película sobre música que se pareciera a una película de mafiosos, donde los instrumentos representaran las armas y las palabras fueran tan violentas como la pistola"  ¡Y vaya si ha conseguido plasmarlo en su obra! 

Ganadora del Festival de Sundance este año, donde la crítica y el público unánimemente sucumbieron a sus encantos, Whiplash aborda una visión despiadada y frenética de la pasión por la música, concebida aquí como medio de evasión y afán de superación por el jovencito protagonista de la historia, un virtuoso que se desvive y obsesiona hasta llegar a los sacrificios más insospechados por convertirse en uno de los mejores bateristas de jazz que hayan existido, sino el mejor. En su camino hacia la maestría tiene que lidiar con su estricto profesor de conservatorio, un amante del jazz con fuerte carácter cuyos métodos de enseñanza sobrepasan los límites en numerosas ocasiones en aras de obtener la excelencia artística. 

Cada uno de ellos persigue el mismo fin pero al querer alcanzarlo por vías distintas, entablan una estrecha a la vez que insana relación amor - odio que va in crescendo hasta alcanzar su inevitable cenit. Es entonces cuando comienza el implacable cara a cara entre ambos, alumno versus maestro, un enfrentamiento de proporciones épicas que consigue que el espectador se quede boquiabierto y pegado a su butaca debido a los chorreones de sudor que atraviesan su espalda durante casi dos horas, sin tiempo para tomar aliento o mirar el reloj. No hay apenas diálogos, tan solo dos hombres posesos luchando en un mismo escenario con sus respectivas armas, una batuta y una batería respectivamente, intentando dar lo mejor de sí mismos para alcanzar la gloria. 

Sin embargo, dejando a un lado este inigualable duelo actoral interpretado por unos descomunales J. K. Simmons y Miles Teller; en realidad, la auténtica protagonista de Whiplash es la música, nada raro si tenemos en cuenta que el realizador de la cinta es un forofo del jazz. Plano tras plano, el frenético montaje se va desarrollando a través de golpes de baqueta, resonar de trompetas y redobles de platillos. La banda sonora es por tanto un elemento imprescindible que contribuye a que los instintos depredadores de los competidores salga a la luz.   

Damien Chazelle ha logrado, con vigor y valentía, deleitar tanto a cinéfilos como a melómanos con esta maravilla del Séptimo Arte, que por supuesto cuenta con loables antecedentes como All that jazz o El cisne negro entre otros, referentes en los que seguro se ha inspirado a la hora de dirigirla.  

Lo mejor: Su apoteósico tramo final, cine en estado puro. 

Lo peor: Parece que todo el reconocimiento interpretativo gira en torno a J. K. Simmons, cuando su partenaire Miles Teller está también sensacional. 

Juanmez

lunes, 12 de enero de 2015

La teoría del todo (2014)

Valoración: Notable

Comenzamos este 2015 con una avalancha de biopics dispuestos a acaparar todos los premios posibles de la temporada que comenzó anoche con los Globos de Oro y que culminará con los Oscar. Este género ha ido convenciendo poco a poco al público americano, y por supuesto, a los productores de Hollywood, que han descubierto en este tipo de proyectos comedidos, amables y emotivos en su mayoría todo un filón para conseguir una recaudación alta en el box office. Y es lícito aprovecharse de ello porque a la gente parece gustarle cada vez más el hecho de averiguar por ejemplo cómo fue la tormentosa vida del matemático Alan Turing (Descifrando Enigma), o cuáles fueron las dolorosas experiencias que tuvo que atravesar el atleta Louis Zamperini (Invencible). El problema es que al tratarse de un boom, termina siendo muy repetitivo, y pocas películas de este estilo consiguen realmente aportar algo innovador dentro de lo que podríamos considerar el lenguaje cinematográfico. 
  
La teoría del todo tampoco arriesga demasiado que digamos, pues se centra en mostrarnos la relación amorosa que vivieron el reputado y conocido astrofísico Stephen Hawking y su primera esposa Jane Wilde, mujer entregada y sacrificada donde las haya, que tuvo que cuidar de él y sus tres hijos desde el primer instante en que a él le diagnosticaron la enfermedad motoneuronal que sigue padeciendo en la actualidad y que le impide moverse o articular palabra. Por tanto un drama duro de ver, que cuenta una historia de superación al estilo de Mi pie izquierdo, pero que a fin de cuentas no ofrece ningún elemento novedoso. Sin embargo, no estamos ante un biopic al uso, porque a diferencia de muchas películas que lamentablemente se realizan y estrenan una vez que el personaje ha fallecido, en esta ocasión es de agradecer que se rinda homenaje al que posiblemente sea el científico más importante de los últimos tiempos mientras sigue vivo, para que así pueda disfrutar en una sala de cine del resultado final de la película. Por este motivo además, se nota que la cinta ha sido filmada con muy buen gusto, cuidando hasta el más pequeño detalle, con vistas a que los espectadores descubran, o incluso conecten, aun mejor con la biografía del singular científico; consiguiendo así un producto quizás algo sensiblero pero a su vez cargado de afecto y respeto, que realza la importancia que el legado de su obra ha supuesto dentro del campo de la ciencia.

Sin embargo, nada de esto habría sido posible sin la monumental interpretación de Eddie Redmayne, que se mimetiza con Hawking hasta tal punto que podría confundirse con el auténtico. Su caracterización es impresionante, sobre todo la parte en la que está postrado en la silla de ruedas y tiene que adoptar las posturas corporales del popular cosmólogo, logrando transmitir y emocionar con pocas palabras, profundas miradas y tiernas sonrisas. Un papel que lo ha encumbrado como actor y por el que posiblemente consiga el Oscar de la Academia este año. Tampoco se queda atrás Felicity Jones dando vida a su primera cónyuge en la ficción, toda una auténtica revelación a nivel interpretativo. 

En suma, La teoría del todo no deja de ser un sentido alegato a las ganas de luchar y de vivir, un mensaje esperanzador capaz de influir a muchas personas que atraviesan situaciones difíciles y que deben superarse día tras día...    
    
Lo mejor: La interpretación de Eddie Redmayne, tal y como cabía esperar.

Lo peor: Se echa en falta mayor profundidad en las teorías que Stephen Hawking ha desarrollado sobre las leyes que gobiernan el Universo.

Juanmez