miércoles, 17 de junio de 2015

El diablo sobre ruedas (1971)

Aprovechando el tirón de Jurassic World, secuela de una franquicia iniciada por Steven Spielberg, es una ocasión más que idónea para recordar el primer largometraje del famoso realizador, que aquí en España se tradujo como El diablo sobre ruedas. 

Desde que empezó a filmar películas hace más de 40 años ya, Spielberg siempre ha contado con una inmensa legión de seguidores y detractores por igual. Unos argumentan que su cine es entretenimiento inteligente e impactante a partes iguales, mientras que otros lo acusan de caer siempre en el maniqueísmo y el efectismo recurrente, sirviéndose siempre de la lágrima fácil. El debate siempre ha estado abierto...

Generalmente, El diablo sobre ruedas ha puesto siempre de acuerdo tanto a sus fieles como a sus opositores. Concebida inicialmente para la televisión, fue de tal magnitud su calidad que terminó proyectándose en pantalla grande. El ingrediente clave de su éxito radica en la extrema sencillez de la historia: un hombre corriente conduce tranquilo por las carreteras de EEUU, cuando se percata de que está siendo perseguido incesantemente por un camión cisterna (dirigido por un maníaco sin identificar) que pretende acabar con su vida sin un motivo aparente. 

Filmada con un presupuesto bajísimo en un tiempo récord de 13 días aproximadamente, el joven y audaz Spielberg ya apuntaba maneras con esta trepidante cinta que te deja sin aliento y te pone de los nervios desde el minuto uno. Son escasas las secuencias en las que el espectador puede relajarse entre tanta tensión. Además de tener un montaje espectacular (es digno de mención el uso continuado del zoom en algunos encuadres) aderezado por una música minimalista, es realmente interesante cómo se consigue materializar la sensación de miedo en un simple camión, a cuyo conductor no le vemos el rostro. Esto es, sin duda, lo más asombroso, ya que el cineasta se las ingenia utilizando cualquier obstáculo para impedir que el protagonista (y por ende, el espectador) logre ver al conductor del siniestro vehículo. Como hizo en Tiburón posteriormente, explota el miedo a una amenaza desconocida; sólo un maestro de la dirección como él consigue crear de manera convincente una atmósfera cargada de suspense únicamente con un camión que enciende las largas delanteras en la oscuridad de un túnel. 

Hay quien a lo mejor podría considerar muy redundantes y cansinos los planos en carretera, pero sería una queja con poco fundamento porque al tratarse de una persecución de coches, es casi imposible no repetir planos, máxime cuando la película dura 90 minutos (ya de por sí es una hazaña admirable conseguir que el film no aburra, y si no que se lo digan a George Miller y su revisión de Mad Max este mismo año 2015). 

Con el paso de los años esta road – movie que ha envejecido bastante bien, ha sido encumbrada por muchos a la categoría de “película de culto”. Y es que Spielberg tendrá sus detractores, pero ya quisieran la mayoría de directores noveles debutar con óperas primas igual de brillantes como lo fue El diablo sobre ruedas en su día. Es lógico que ostentara el título de "rey Midas de Hollywood", pues vende al público lo que más le gusta desde que comenzó su carrera, y encima sabe hacerlo mejor que nadie.

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