jueves, 23 de julio de 2015

Love and mercy (2015)

Condensar la biografía de alguien tan reconocido como lo es fundador de los Beach Boys en tan solo dos horas es una tarea harto complicada, y más si cabe para un director novel como lo es Bill Pohlad. Sin embargo, el inexperto realizador ha sabido escoger aquellos momentos cruciales en la vida del artista, ofreciéndonos un biopic poco convencional donde el espectador puede sentirse como un músico más de la banda que tuvo tanto éxito desde la década de los 60 en adelante. 

Abandonando el orden temporal lineal de la narración al que estamos acostumbrados en este tipo de género, el mayor acierto de Pohlad es que prefiere detenerse en transmitir una mezcla de sensaciones al público (conseguidas gracias a los brillantes efectos de sonido de Atticus Ross), sensaciones procedentes de la atormentada mente de un genio como Brian Wilson, en lugar de centrarse en los aspectos más manidos de la trayectoria de un músico famoso, vistos ya innumerables veces en otras películas y que en esta cinta solo se abordan someramente como un complemento necesario (maltrato paterno, drogas, etc.).

Además, los saltos temporales permiten intercalar secuencias sublimes de su pasado, como por ejemplo el maravilloso germen de la melodía de God only knows en un piano, con otras más desoladoras de la década de los 80 en las que Wilson vivió acongojado por el terapeuta que le cuidaba, interpretado por un inquietante Paul Giamatti. Tal vez muchos se sorprendan con su visionado porque no conocen esta cara B tan deprimente de la existencia de Brian Wilson, donde queda patente que no todo han sido vino y rosas en su camino, sino que también existió ese dark side of the moon, común denominador de tantos y tantos líderes musicales de su generación.    

Otra de las claves del film es el apartado actoral, en el que Paul Dano se lleva todo el peso interpretativo haciendo de un joven Brian Wilson y cumple con nota. También John Cusack está muy convincente y menos sobreactuado que de costumbre, no obstante la que más sorprende es Elizabeth Banks, actriz que ha ampliado considerablemente su variada gama de registros, y ya nada tiene que ver con aquella niña desconocida e ingenua de ¿Hacemos una porno?   

Da gusto encontrar en la árida cartelera veraniega, ávida de productos de calidad, este gran tributo a uno de los mejores compositores del siglo pasado. Seguramente, pese a que no ha hecho mucho ruido en su promoción, se convertirá en una de las "good vibrations" de la temporada.

Valoración: Notable

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