sábado, 25 de julio de 2015

Siete novias para siete hermanos (1954)

Hoy en día puede verse perfectamente como un musical cursi, simplón, e incluso sexista, pero pese a esto, Siete novias para siete hermanos será recordada por encima de todo como una película alegre y divertida.

Su argumento quizás sirvió de inspiración al programa Granjero busca esposa, porque tiene como protagonistas a 6 hermanos que viven aislados en una casa de montaña y que deciden ir al pueblo en busca de una mujer, después de que el mayor de ellos, Adam (Howard Keel), encontrase a una llamada Milly (Jane Powell)... 

La columna vertebral de la película es su banda sonora (por la cual recibió un premio Oscar), que llena cada secuencia acompañando los movimientos de cada uno de sus personajes. Junto a la música, aparecen bailes inolvidables: llenos de saltos atléticos y acrobacias por doquier. Se nota que el director de la cinta, Stanley Donen, era también coreógrafo y bailarín (de hecho había codirigido junto a Gene Kelly Cantando bajo la lluvia y Un día en Nueva York años antes). Entre sus mejores números cabe destacar dos: aquel en el que Jane Powell da clases al resto de los hermanos de su marido para que sean galantes con las damas, y en segundo lugar, la competición de baile en la granja, con secuencia de baile incluida.

En líneas generales, la estética del film es luminosa a más no poder, tal vez a veces resulta un poco estridente ver todo plagado de colores excesivamente vivos, pero a medida que avanza el metraje uno se va acostumbrando. No obstante, el tono no siempre es festivo, ya que también se alterna con momentos más tristes, resaltando por ejemplo el melancólico fragmento en que los hermanos añoran a sus chicas mientras cortan leña y suena el tema Lonesome polecat de fondo.  

En resumen, una delicia audiovisual para todos aquellos amantes del cine clásico en general, y del musical en particular...

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