jueves, 10 de septiembre de 2015

El pequeño salvaje (1970)

En el año 1970, el reconocido director francés François Truffaut nos obsequió con esta pequeña (por su escasa duración) gran obra que, en mi opinión, es de obligado visionado para todo aquel que sienta devoción por el aprendizaje y la educación. 

El realizador francés plasma en la pantalla su visión acerca de un caso real sucedido en las postrimerías del siglo XVIII: el del niño de 12 años Víctor de Aveyron, hallado desnudo en los bosques del sur de Francia. Tras ser enviado de un sitio a otro, fue finalmente el reputado médico Gaspard Itard (interpretado por el mismo Truffaut) quien se hizo cargo de su mantenimiento y educación. 

Desde el primer momento, el doctor Itard lo toma como un experimento que le causa interés, de modo que cada día va anotando por escrito la evolución del niño con el fin de publicar un ensayo. A lo largo del film se muestran paulatinamente los progresos y los conocimientos básicos que va adquiriendo, tales como reconocer las letras del abecedario, identificar y memorizar objetos, andar en una postura correcta, etc. En pocas palabras, el espectador asiste a un proceso de aprendizaje fenomenalmente detallado. Sin embargo, el error de Itard radica en que no trata de entender el mundo de su pupilo, sino que su único objetivo es cambiarlo porque está convencido de que "civilizarlo" es la decisión más correcta.

No se puede ignorar la influencia que la obra del pensador Jean - Jacques Rousseau ejerce sobre la cinta. Me refiero concretamente a su tesis del “buen salvaje”, ese hombre primitivo al que él consideraba un ser bondadoso, incorrupto y pacífico que vagaba por la naturaleza libremente hasta que fue pervertido por las desigualdades de la vida en sociedad. Si se establece una sencilla comparación, Víctor era libre hasta que deciden inculcarle unos valores y una conducta a la fuerza. ¿Habría sido más feliz si lo hubieran dejado en el bosque? ¿Era necesario reeducarlo bajo los preceptos de la Francia de la Ilustración? ¿Es ético que aquellos que se consideran civilizados impongan su modelo sobre otros porque crean que ese patrón que siguen es el mejor y el definitivo? Este tipo de cuestiones que siembra la película son extrapolables a nuestros días e invitan a la reflexión…

En lo referente a lo técnico, la recreación de la atmósfera está muy lograda debido a su fotografía en blanco y negro; realizada por el fotógrafo español Néstor Almendros, que capta de manera muy acertada a los protagonistas por medio de intensos primeros planos. Así mismo, cabe destacar la banda sonora, que se sirve de los deliciosos acordes de la música de Vivaldi.

Al finalizar la cinta, uno siente ganas de investigar más sobre la historia de Víctor, por tanto objetivo cumplido por parte de Truffaut, que te mantiene siempre a la expectativa, demostrando que sabe profundizar en el tema sin caer en la pedantería o la sensiblería recurrente.

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