viernes, 9 de octubre de 2015

Hitchcock (2012)

Previamente es necesario aclarar que este biopic no abarca la extensa vida del famoso cineasta pese a que dé esa impresión por el título, tan solo refleja únicamente un pasaje muy concreto de su biografía: los quebraderos de cabeza que sufrió allá por el año 1959 durante la grabación de la que se convertiría en una de sus obras magnas pese a su nefasta acogida inicial. Estamos hablando de Psicosis… 

A día de hoy, es lícito aventurarse a pensar que poco más se puede aportar acerca de un rodaje que ha sido analizado con todo lujo de detalles en múltiples publicaciones y documentales que versan sobre el mismo; contribuyendo a alimentar, aún más si cabe, el mito que existe en torno a la película. Igual sucede con el propio Alfred Hitchcock, un personaje del que apenas queda algo por conocer: sus manías, sus inquietudes, sus fetiches, sus complejos, así como su desquiciante cinismo configuran la carta de presentación de uno de los directores paradójicamente más carismáticos que han existido y existirán. Cualquier seguidor del responsable de La ventana indiscreta que haya leído por ejemplo El cine según Hitchcock, donde se recoge una apasionante conversación entre el susodicho y el cineasta francés François Truffaut, no descubrirá nada que no supiera con el visionado de esta película; aunque es indiscutible que pasará un rato agradable viéndola, puesto que en ella aparecen plasmadas numerosas referencias y guiños a su filmografía que esbozarán más de una sonrisa entre sus adeptos. 

Por este motivo, lo más relevante de la cinta no es su figura (ya conocida por todos), sino que más bien es la merecida importancia que cobra su mujer Alma Reville, quien revisaba minuciosamente cada proyecto que su marido tenía entre manos. Al contrario que Anthony Hopkins, un irrisorio muñeco de cera resultante de quilos y quilos de maquillaje, más cercano a una imitación digna de Muchachada Nui que a una interpretación memorable; es una refulgente Helen Mirren la auténtica estrella de la función, devolviendo con carácter y fuerza el lugar que le corresponde a Reville, siempre oculta en un discreto segundo plano permitiendo que su partenaire se llevara toda la gloria y el reconocimiento en vida. En el film se muestra claramente como ella salva la producción, no solo consintiendo a Hitchcock la hipoteca de su vivienda para conseguir financiación ante la negativa de los estudios, sino además supervisando en el set cuando su esposo estaba indispuesto. Alma Reville es, por tanto, la gran revelación de esta cinta: por un lado una mujer talentosa que también tenía ambiciones personales, pero por otro vulnerable, celosa en el fondo de esa perenne devoción hacia las rubias con las que Hitchcock soñaba hasta despierto… 

Con respecto a los entresijos que presenta el rodaje de Psicosis en sí, quizás la secuencia de la ducha sea lo más destacable como era de esperar, con una sensual Scarlett Johansson haciendo las veces de Janet Leigh. Sin embargo, el resto de secundarios aparece muy desdibujado, desde un reservado Anthony Perkins (de quien solo se revela su orientación sexual) hasta una incómoda Vera Miles (a quien la presentan como una gran conocedora de la obsesión que tenía el realizador por el sexo opuesto). Por otra parte la atmósfera perturbadora que gira en torno al protagonista de la obra literaria, el asesino Norman Bates, está muy bien recreada en todo momento a través de conversaciones imaginarias que el personaje de ficción mantiene con el mismo Hitchcock, un fiel reflejo del enajenamiento que le producía el manuscrito original. 

En resumen, la película no deja de ser un simpático telefilme con presupuesto, pero con la particularidad de que rescata a una figura muy importante desconocida para muchos. No nos engañemos, Alfred Hitchcock era un artesano inimitable, y tal vez por este motivo sea imposible la ejecución del biopic deseable y definitivo...

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