jueves, 19 de noviembre de 2015

Una pastelería en Tokio (2015)

Hace poco alguien a quien tengo en alta estima me comentó que hacía tiempo que no veía una película tierna en la cartelera, y razón no le faltaba porque últimamente la mayoría de tramas suelen ser demasiado agresivas o dramáticas en exceso. Afortunadamente la última película de Naomi Kawase se aleja de estas características, convirtiéndose así en un bálsamo para todos los sentidos: la vista, el oído, e incluso el gusto, son puestos a prueba en este sencillo relato que tiene como protagonista a una entrañable anciana que, a su edad, quiere trabajar ayudando al dueño de una tienda a cocinar y vender sus "doriyakis" (pasteles típicos de Japón rellenos con una salsa de judías).    

Como era de esperar desde el lanzamiento del tráiler, el argumento gira en torno a la actriz protagonista Kirin Kiki, cuyas gesticulaciones y expresiones faciales copan sin duda gran parte del carisma del film. Sin su presencia no sería lo mismo. A su alrededor gravitan como satélites los otros dos miembros del triángulo protagonista, uno de ellos es el ya citado comerciante y la otra una joven estudiante asidua a la pastelería, configurando de este modo una acertada referencia a las tres edades de la vida (juventud, madurez y vejez). El devenir de ambos se verá influido por el personaje de Kiki, que les enseña una valiosa lección: todo ser, por muy insignificante que sea, tiene algo que contarnos... 

Fiel al estilo oriental del que es deudora, Kawase consigue llegar a nuestros corazones a través de un ritmo pausado al que muchos espectadores no están acostumbrados, una cadencia que nos permite deleitarnos con tranquilidad en esa ciudad de Tokio embellecida por los cerezos en flor. Uno consigue sentir a los árboles respirar, al viento gemir, ¡o a las mismísimas judías narrar sus historias! Y eso es precisamente lo que pretende la nipona: fundir las emociones de sus personajes con la naturaleza que les rodea, envolver al espectador con esos detalles fuera de campo que enriquecen el visionado y que hacen reflexionar sobre los pequeños placeres de nuestra vida cotidiana que muchas veces pasan inadvertidos o no apreciamos. En pocas palabras, Una pastelería en Tokio es una cinta tan deliciosa como un "doriyaki" en su punto.

Valoración: Notable