sábado, 28 de enero de 2017

Lion (2016)

Aspectos positivos: ¡Por fin un drama a la altura de los Oscar este año! Lion narra magistralmente un viaje al estilo homérico de autodescubrimiento que conecta fácilmente con el espectador a través de una máxima universal: la búsqueda de la identidad personal, algo muy valioso que nadie nos puede arrebatar. El protagonista de la historia, basada en hechos reales, es un pequeño chico hindú llamado Saroo que se pierde accidentalmente en Calcuta y no sabe volver a su casa junto a su madre y sus hermanos. A partir de ahí inicia toda una odisea en la que se ve obligado a mendigar para sobrevivir y a huir de aquellos que quieren hacerle daño, como tantos niños en la India cuya extrema situación se denuncia en la película. Esta primera parte la distingue de cualquier convencionalismo, estremece y conmueve al mismo tiempo por la forma tan delicada en la que está filmada, sin apenas diálogos y con una cuidada dirección de fotografía. Además, es imposible apartar la mirada de la tierna y expresiva interpretación del infante Sunny Pawar, todo un descubrimiento. Afortunadamente el caprichoso destino decide que sea una familia australiana la que finalmente lo adopte y lo críe como suyo. Aquí es donde entra en escena una impecable Nicole Kidman que se luce como hacía tiempo, dando vida a una madre dedicada y voluntariosa que solo se preocupa por el bienestar de su familia. Gracias, Nicole, por brindarnos ese gran papel. No obstante, como cabía esperar porque de lo contrario no habría película, la travesía del héroe culmina cuando éste regresa de nuevo a su hogar, tal y como hizo Ulises. De ese modo, tras haber vivido acomodado, protegido (y anestesiado) durante 20 años, Saroo siente la necesidad imperiosa de emprender solo dicho periplo con ansia de respuestas. Es posible que muchos consideren que la cinta recurre a la lágrima fácil, pero un servidor discrepa rotundamente porque Lion es honesta, habla de esperanza por encima de todo, y precisamente ese tipo de relatos son rabiosamente necesarios en el cine actual.

Aspectos negativos: El personaje del hermano adoptivo del protagonista está muy desdibujado, su presencia se diluye en la trama hasta el punto de ser irrelevante. 

Valoración: Sobresaliente

jueves, 26 de enero de 2017

La soga (1948)

Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de todos los tiempos, pero no todo es Vértigo, Psicosis Los pájaros. También tiene otros peliculones menos conocidos que no dejan de ser igual de importantes. Uno de ellos precisamente es La soga.

Narra la historia de dos solteros que comparten piso (John Dall y Farley Granger) y que cometen un asesinato de un compañero de clase para demostrar una oscura teoría. Esa misma noche celebran una fiesta en su apartamento con amigos, los padres del asesinado y un ex profesor especializado en criminología al que invitan (James Stewart).

Lo que más llama la atención de la cinta es su simple puesta en escena (ya que toda la acción se desarrolla en un apartamento); pero si a esto añadimos que Hitchcock la rodó manteniendo un único plano secuencia, encontramos aún más interesante el asunto. Hitchcock siempre fue un pionero experimentando en sus películas: en este caso en particular su idea fue acercarse lo máximo posible al teatro filmado, pero como cada bobina por aquel entonces constaba de un tiempo limitado de no más de 10 minutos, Hitchcock conectaba las tomas mediante acercamientos a las chaquetas de los personajes (salvo en una ocasión) para que se fundiese en negro y pudiese cambiar rápidamente de rollo. Con este efecto demostró demostrar a fines de los años 40 que las historias podían contarse de un modo diferente al acostumbrado.

En cuanto al contenido, podemos decir que es un intenso drama psicológico con tintes de comedia negra que trata, entre otras cosas, de la astucia y la rectitud moral. Como buen maestro del suspense, Hitchcock atrapa al espectador al revelar lo que están tramando los asesinos desde el comienzo: el suspense radica en si serán descubiertos o no por el profesor, a quien pretenden llevar al límite demostrándole que existe el crimen perfecto. Detrás de esta macabra suposición subyace la escabrosa ideología que defiende la superioridad de los "fuertes" frente a los "débiles". Una cuestión candente capaz de levantar ampollas, sobre todo si tenemos en cuenta los desagradables acontecimientos que habían asolado a Europa escasos años antes de su estreno y que habían sido en buena parte propiciados por el mal uso de teorías como ésta.

Como dato curioso, siempre se ha hecho alusión (como en tantas otras películas del cineasta) a una supuesta relación homosexual encubierta mantenida entre los dos asesinos: a pesar de que no se menciona de forma explícita en los diálogos, pueden darse estas lecturas en ciertos gestos y detalles que denotan cierta ambigüedad. Juzgad vosotros mismos...

domingo, 22 de enero de 2017

Loving (2016)

Aspectos positivos: Loving no es solo el testimonio de un matrimonio interracial a caballo entre los años 50 y 60, sino que, por encima de todo eso, es un valioso relato concebido expresamente para que no olvidemos que hace no mucho más de 50 años había leyes que prohibían derechos civiles que hoy consideramos básicos y fundamentales, como lo es casarse con la persona amada, sea cual sea su raza. Es muy importante recordar la historia que nos precede y los logros que paulatinamente se han conseguido, porque de lo contrario perderíamos el rumbo. Asimismo, la pareja protagonista de la película, formada por unos acertados Joel Edgerton y Ruth Negga, refleja extraordinariamente, a través de sus contenidas interpretaciones, la admirable entereza con la que dicho matrimonio se vio obligado a afrontar todas las visicitudes que padecieron en la vida real. 

Aspectos negativos: Sin embargo, a fin de cuentas, Loving no deja de ser un drama correcto y comedido que en ocasiones roza peligrosamente la fórmula del telefilm. 

Valoración: Aprobado

domingo, 15 de enero de 2017

La la land (2016)

Aspectos positivos: ¿Es para tanto La la land como aseguran los premios que la respaldan? La respuesta es sí. El realizador Damien Chazelle firma un trabajo que rinde culto a la nostalgia y que podría convertirse en un musical imprescindible para una generación que fundamentalmente ha crecido viendo y escuchando musicales generalmente basados en Broadway (Nine, Los miserables, Mamma mia!). Ni mucho menos esto es negativo, al contrario, es maravilloso que se adapten musicales a la pantalla grande, de hecho fue la rompedora Moulin Rouge! la que abrió la veda con gran éxito hace más de 15 años apelando a temas icónicos de la cultura pop para resucitar un género que estaba olvidado en los 90. Sin embargo, hacía tiempo que el público necesitaba una historia compuesta por canciones originales y atrayentes con las que identificarse (destacando entre otras la brillante City of stars). Y a pesar de que el argumento de La la land no cuenta nada que no hayamos visto antes, lo cierto es que se respiran frescura y genialidad a partes iguales en cada una de las escenas, protagonizadas por unos pletóricos Ryan Gosling y Emma Stone que se dicen todo con una simple mirada fruto de la conexión que reside entre ambos. Chazelle consigue transformar un tópico ya manoseado como es el romance entre dos soñadores, que persiguen triunfar en sus respectivos campos artísticos luchando contra una industria que los ahoga, en algo completamente innovador a nuestros ojos. La clave de ello reside en que el cineasta ha sabido conjugar magistralmente el clasicismo del cine de los años 50 con las sorprendentes técnicas de filmación actuales (impagables esos planos - secuencia a ritmo de jazz), dando como resultado una obra de arte intemporal que pocos estudios cinematográficos hoy día se arriesgarían a producir y cuyo emotivo tramo final trascenderá sin dudarlo en los anales del cine con mayúsculas. En una sola palabra: Inolvidable.

Aspectos negativos: Ninguna objeción, pero por decir algo, hubiera sido divertido que J. K. Simmons gritase: "Not quite my tempo!" en algún momento de la cinta a modo de guiño curioso a Whiplash. 


Valoración: Sobresaliente

martes, 10 de enero de 2017

Amor (2012)

Inquietante y turbador es Haneke (y por ende, su cine). Posiblemente Amor sea una de sus obras más intimistas hasta la fecha, un drama sombrío dispuesto a revolver todos nuestros sentidos. 

A estas alturas su argumento ya es más que conocido: los veteranos Jean – Louis Trintignant y Emmanuelle Riva encarnan a un matrimonio formado por dos profesores de música retirados que comparten de forma entrañable sus últimos días juntos en un apartamento ubicado en París, convertido en el indiscutible tercer protagonista de la historia, puesto que un 95% de la acción se desarrolla dentro del mismo. De repente, una mañana ordinaria, la placidez que les embarga desaparece por completo cuando ella se queda totalmente paralizada y en blanco delante de su marido. 

A partir de aquí el personaje de Riva comienza a experimentar un agónico proceso degenerativo que Haneke muestra visceralmente a través de los ojos de un entregado Trintignant. Es tal el realismo con el que está filmada la cinta que no sería de extrañar que cualquiera que haya convivido con algún familiar en las mismas circunstancias se viera reflejado inmediatamente en alguna situación similar con este personaje, por tanto no es recomendable para un público demasiado sensible con este tema, ya que su visionado deja un nudo en el estómago que a más de uno le costará sobrellevar. 

Amor habla de la ternura y del cariño, pero también de la soledad y del dolor por encima de todo. En definitiva Haneke declara sin tapujos con esta historia que, en contadas ocasiones, el amor justifica nuestros actos, por muy terribles que estos puedan ser de cara a los demás…

lunes, 9 de enero de 2017

Silencio (2016)

Aspectos positivos: Con Silencio Martin Scorsese refleja que hasta los más creyentes de una fe tan contundente como el cristianismo tienen sus dudas y contradicciones en situaciones extremas. De hecho, de ahí procede el título de la película: del "silencio" al que se tienen que enfrentar los fieles, a veces impacientes por obtener una respuesta de Dios en momentos de fragilidad. Esto mismo experimenta Andrew Garfield, uno de los jesuitas protagonistas de la trama, cuyas creencias flaquean constantemente al darse cuenta del sometimiento que sufrían los cristianos en el Japón del siglo XVII una vez que viaja allí en busca de su mentor perdido. La realidad con la que se da de bruces se impone y descubre que implantar su propia religión no sirve más que para traer desgracias a todos aquellos que la profesan en secreto, hasta el punto de que él mismo llega a dudar si lo que hace es correcto. Sin embargo, lo realmente interesante de la cinta reside en que su discurso se puede extrapolar a cualquier contexto, porque al fin y al cabo es de espiritualidad sobre lo que se reflexiona, ya sea desde un punto de vista religioso o no. Y es que todo el mundo debería tener libertad para decidir en qué creer y en cómo hacerlo sin ser cuestionado o maltratado por ello. En otro orden de cosas, la recreación de la tierra nipona en aquella época es exquisita gracias a una sobria puesta en escena, así como la atroz secuencia de las crucifixiones en el mar, que está perfectamente realizada. Además, me parece un acierto el uso del recurso de la voz en off, muy útil para entender los pensamientos y desvaríos de Andrew Garfield, quien por cierto demuestra aquí una gran madurez interpretativa. 

Aspectos negativos: La cinta no llega a ser sobresaliente debido a que le sobra metraje, sobre todo en el tramo final. Llega un punto en que el mensaje que se quiere transmitir ha quedado lo suficientemente claro al espectador como para tener que repetirlo una y otra vez durante la última hora y Scorsese se redunda demasiado en la misma idea. Por otra parte, esperaba más de la presencia de Liam Neeson. Siempre dicen que lo bueno se hace esperar, pero en esta ocasión su breve aparición me ha dejado un tanto frío.

Valoración: Notable