martes, 10 de enero de 2017

Amor (2012)

Inquietante y turbador es Haneke (y por ende, su cine). Posiblemente Amor sea una de sus obras más intimistas hasta la fecha, un drama sombrío dispuesto a revolver todos nuestros sentidos. 

A estas alturas su argumento ya es más que conocido: los veteranos Jean – Louis Trintignant y Emmanuelle Riva encarnan a un matrimonio formado por dos profesores de música retirados que comparten de forma entrañable sus últimos días juntos en un apartamento ubicado en París, convertido en el indiscutible tercer protagonista de la historia, puesto que un 95% de la acción se desarrolla dentro del mismo. De repente, una mañana ordinaria, la placidez que les embarga desaparece por completo cuando ella se queda totalmente paralizada y en blanco delante de su marido. 

A partir de aquí el personaje de Riva comienza a experimentar un agónico proceso degenerativo que Haneke muestra visceralmente a través de los ojos de un entregado Trintignant. Es tal el realismo con el que está filmada la cinta que no sería de extrañar que cualquiera que haya convivido con algún familiar en las mismas circunstancias se viera reflejado inmediatamente en alguna situación similar con este personaje, por tanto no es recomendable para un público demasiado sensible con este tema, ya que su visionado deja un nudo en el estómago que a más de uno le costará sobrellevar. 

Amor habla de la ternura y del cariño, pero también de la soledad y del dolor por encima de todo. En definitiva Haneke declara sin tapujos con esta historia que, en contadas ocasiones, el amor justifica nuestros actos, por muy terribles que estos puedan ser de cara a los demás…

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