domingo, 15 de enero de 2017

La la land (2016)

Aspectos positivos: ¿Es para tanto La la land como aseguran los premios que la respaldan? La respuesta es sí. El realizador Damien Chazelle firma un trabajo que rinde culto a la nostalgia y que podría convertirse en un musical imprescindible para una generación que fundamentalmente ha crecido viendo y escuchando musicales generalmente basados en Broadway (Nine, Los miserables, Mamma mia!). Ni mucho menos esto es negativo, al contrario, es maravilloso que se adapten musicales a la pantalla grande, de hecho fue la rompedora Moulin Rouge! la que abrió la veda con gran éxito hace más de 15 años apelando a temas icónicos de la cultura pop para resucitar un género que estaba olvidado en los 90. Sin embargo, hacía tiempo que el público necesitaba una historia compuesta por canciones originales y atrayentes con las que identificarse (destacando entre otras la brillante City of stars). Y a pesar de que el argumento de La la land no cuenta nada que no hayamos visto antes, lo cierto es que se respiran frescura y genialidad a partes iguales en cada una de las escenas, protagonizadas por unos pletóricos Ryan Gosling y Emma Stone que se dicen todo con una simple mirada fruto de la conexión que reside entre ambos. Chazelle consigue transformar un tópico ya manoseado como es el romance entre dos soñadores, que persiguen triunfar en sus respectivos campos artísticos luchando contra una industria que los ahoga, en algo completamente innovador a nuestros ojos. La clave de ello reside en que el cineasta ha sabido conjugar magistralmente el clasicismo del cine de los años 50 con las sorprendentes técnicas de filmación actuales (impagables esos planos - secuencia a ritmo de jazz), dando como resultado una obra de arte intemporal que pocos estudios cinematográficos hoy día se arriesgarían a producir y cuyo emotivo tramo final trascenderá sin dudarlo en los anales del cine con mayúsculas. En una sola palabra: Inolvidable.

Aspectos negativos: Ninguna objeción, pero por decir algo, hubiera sido divertido que J. K. Simmons gritase: "Not quite my tempo!" en algún momento de la cinta a modo de guiño curioso a Whiplash. 


Valoración: Sobresaliente

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