jueves, 26 de enero de 2017

La soga (1948)

Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de todos los tiempos, pero no todo es Vértigo, Psicosis Los pájaros. También tiene otros peliculones menos conocidos que no dejan de ser igual de importantes. Uno de ellos precisamente es La soga.

Narra la historia de dos solteros que comparten piso (John Dall y Farley Granger) y que cometen un asesinato de un compañero de clase para demostrar una oscura teoría. Esa misma noche celebran una fiesta en su apartamento con amigos, los padres del asesinado y un ex profesor especializado en criminología al que invitan (James Stewart).

Lo que más llama la atención de la cinta es su simple puesta en escena (ya que toda la acción se desarrolla en un apartamento); pero si a esto añadimos que Hitchcock la rodó manteniendo un único plano secuencia, encontramos aún más interesante el asunto. Hitchcock siempre fue un pionero experimentando en sus películas: en este caso en particular su idea fue acercarse lo máximo posible al teatro filmado, pero como cada bobina por aquel entonces constaba de un tiempo limitado de no más de 10 minutos, Hitchcock conectaba las tomas mediante acercamientos a las chaquetas de los personajes (salvo en una ocasión) para que se fundiese en negro y pudiese cambiar rápidamente de rollo. Con este efecto demostró demostrar a fines de los años 40 que las historias podían contarse de un modo diferente al acostumbrado.

En cuanto al contenido, podemos decir que es un intenso drama psicológico con tintes de comedia negra que trata, entre otras cosas, de la astucia y la rectitud moral. Como buen maestro del suspense, Hitchcock atrapa al espectador al revelar lo que están tramando los asesinos desde el comienzo: el suspense radica en si serán descubiertos o no por el profesor, a quien pretenden llevar al límite demostrándole que existe el crimen perfecto. Detrás de esta macabra suposición subyace la escabrosa ideología que defiende la superioridad de los "fuertes" frente a los "débiles". Una cuestión candente capaz de levantar ampollas, sobre todo si tenemos en cuenta los desagradables acontecimientos que habían asolado a Europa escasos años antes de su estreno y que habían sido en buena parte propiciados por el mal uso de teorías como ésta.

Como dato curioso, siempre se ha hecho alusión (como en tantas otras películas del cineasta) a una supuesta relación homosexual encubierta mantenida entre los dos asesinos: a pesar de que no se menciona de forma explícita en los diálogos, pueden darse estas lecturas en ciertos gestos y detalles que denotan cierta ambigüedad. Juzgad vosotros mismos...

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