sábado, 25 de febrero de 2017

Trainspotting 2 (2017)

Aspectos positivos: La química que desprenden los cuatro protagonistas está intacta. Ello se debe a que los personajes ya estaban muy bien configurados en la Trainspotting original. Con la diferencia de que ahora son cuarentones con su correspondiente crisis análoga a dicha edad, pero por lo demás se siguen comportando como los miserables y disfuncionales veinteañeros que eran. Por otra parte, los diálogos siguen siendo mordaces, las situaciones también se presentan igual de alocadas, y de nuevo existe una crítica (algo más light) a la sociedad en la que estamos viviendo (haciendo especial hincapié a las nuevas tecnologías y a las redes sociales como cambio más significativo). Sin embargo, lo más interesante de la cinta dirigida por Danny Boyle quizás sea la profunda reflexión que subyace tras esos inimitables encuadres diagonales o ese frenético montaje que caracteriza su cine, y no es otra que la remembranza de un pasado que a veces nos atrapa y nos estanca, sin permitirnos avanzar. Por mucho que queramos recuperar lo que antaño fuimos jamás lo conseguiremos y cuanto antes lo asumamos, antes maduraremos.         

Aspectos negativos: Difícil era igualar (o superar) una de las películas británicas más influyentes de la historia reciente, toda una obra de culto que hasta incluso fue tildada en su momento como La naranja mecánica de los noventa por su transgresora narración que rompía con muchísimos moldes. En ningún caso considero que esta secuela no sea una decente sucesora de la primera entrega, pero no es tan memorable ni por asomo. Aunque pretenda ser fresca, la fórmula ya no produce el mismo impacto que hace dos décadas y la dosis de nostalgia que insufla no es suficiente para que el chute perdure con el paso del tiempo. Aparentemente, da la sensación de que Boyle está más interesado en complacer a los melancólicos que miran hacia atrás con añoranza en lugar de captar a jóvenes espectadores de nuevas generaciones.   


Valoración: Notable

miércoles, 22 de febrero de 2017

Sospechosos habituales (1995)

Estamos, sin parangón, ante la mejor cinta de Bryan Singer hasta la fecha, la más pura de toda su filmografía. 

El argumento narra la historia de un grupo de delincuentes que se alían para cometer un robo conjunto y reciben la visita de un intermediario que les ofrece trabajar con Keyser Soze, un sujeto conocido por su espeluznante pasado criminal... ¡Y hasta aquí puedo leer! 

Su visionado deja noqueado: una excelente realización que recuerda mucho al cine de Brian De Palma, un vibrante ritmo narrativo estructurado a base de flashbacks, y un modélico guion que te mantiene en tensión, logrando que el espectador se estruje las neuronas hasta el final. 

En el plano interpretativo hay que elogiar a Kevin Spacey por encima del resto del elenco (¡y vaya elenco!), ya que hace un complicado papel que te envuelve de forma arrolladora. No en vano ganó un Oscar ese año por su interpretación. Digno de mención también es Byrne, que dentro del quinteto de delincuentes es el que tiene más profundidad y peso como personaje.  

Es uno de esos thrillers que dejan huella, en el que nada es lo que parece y a su vez todo encaja. Su inigualable desenlace es para mi gusto de los mejores de la historia del cine. Simplemente magnífica. 

sábado, 18 de febrero de 2017

Jackie (2016)

Aspectos positivos: Natalie Portman es razón más que suficiente para ver este biopic. Su interpretación es de un valor inconmensurable, incluso a veces cuesta trabajo reconocerla bajo su lograda caracterización de Jackie Kennedy, una dosificada combinación de vulnerabilidad y entereza que surte efecto en pantalla. Indiscutiblemente, ella es la película del chileno Pablo Larraín, y tal como sucedió en Cisne negro, tan solo su presencia basta para sostener los 90 minutos de metraje. Todo un ejercicio de estilo. Un papel hecho a su medida que reafirma lo que Portman ha sido siempre: un animal escénico, una gran dama de la interpretación capaz de hacer lo que le propongan, cuanto más arriesgado mejor. Por otra parte, la otra gran baza de la cinta es su impecable recreación, destacando la evocadora dirección de fotografía y la fidedigna indumentaria que utilizó la ex primera dama. Este último aspecto era crucial y hay que decir que cumple con nota, porque no podemos olvidar que su vestuario era un sello distintivo de su personalidad que la convirtió en un verdadero icono de la moda de su época, perdurando hasta la actualidad.

Aspectos negativos: Salvo lo expuesto previamente, el argumento genera poco contenido más allá del duelo que tuvo que atravesar la viuda de América los días sucesivos al asesinato de su esposo. La película como retrato respetuoso de Jackie Kennedy con sus claroscuros es ejemplar, pero quizás es tal el peso que el director otorga a su figura protagonista que las circunstancias y el resto de personajes que la rodean se ven relegados inevitablemente a un segundo plano, y en consecuencia, el producto final es bastante monótono, carente de la profundidad que el relato necesita para fluir, hasta el punto de que en algunos momentos llega a ser tedioso. 

Valoración: Aprobado

viernes, 10 de febrero de 2017

La jungla de cristal (1988)

Últimamente cuesta encontrar películas de acción que se queden grabadas en nuestra retina, quizás esto se deba en parte a la masiva cantidad de guiones pobres en contenido que intentan suplir sus carencias abusando de efectos visuales a mansalva en cada secuencia de una película, pero lógicamente, atiborrar la trama de pirotecnia efectista no es suficiente para que el espectador se enganche desde el minuto uno. Por suerte, contamos con referentes como La jungla de cristal de John McTiernan, todo un clásico dentro de este género que ha servido incluso de modelo para otras cintas posteriores. 

El argumento no es nada del otro mundo: un grupo armado terrorista se apodera de un rascacielos de Los Ángeles tomando a un grupo de personas como rehenes. Sólo el policía John McClane (Bruce Willis), ha conseguido escapar del acoso terrorista y mantendrá una lucha feroz y agotadora contra los secuestradores. Este antihéroe (es malhablado y sus métodos no son precisamente los más ortodoxos) es la única esperanza de los capturados... 

La película goza de un equilibrio excelente entre las secuencias de tiroteos o peleas y aquellas más divertidas, protagonizadas no solo por Willis y sus irónicas líneas de diálogo (según sus propias palabras se convierte en “la mosca en la sopa, la mota en el ojo y el grano en el culo” de los secuestradores); sino por los personajes secundarios también (me estoy refiriendo por ejemplo a los irrisorios oficiales y agentes federales que aparecen idiotizados, una clara crítica a la inoperancia del cuerpo policial). Está terminantemente prohibido el aburrimiento porque la trama transcurre a tal velocidad que el espectador sentirá que va montado en una montaña rusa de principio a fin. Ojalá hubiera actualmente más guiones así, que dignifiquen y revitalicen este género que ha sido tan denostado y relegado a un segundo plano estos últimos años. 

Dentro del apartado actoral, hay una curiosidad que muchos desconocen, y es que el director John McTiernan pensó en Schwarzenegger como primera opción para interpretar a McClane (con quién ya trabajó en “Depredador”), pero personalmente creo que Bruce Willis fue la decisión más acertada. Gracias a este film, llegó a ser una de las más cotizadas estrellas de Hollywood y su personaje caló hondo tanto en crítica como en público por igual. También destaco el personaje del villano Hans Gruber, porque no es el típico enemigo plano que aparece en otras películas. Gruber no se piensa las cosas dos veces, se moja y si hace falta se enfrenta cara a cara con McClane sirviéndose incluso del engaño, no se le van a caer las uñas por hacerlo. Además hay que recalcar que el soberbio Alan Rickman le da al personaje un aire de sofisticación british que dota de un mayor empaque al conjunto. 

El éxito obtenido de La jungla de cristal propició asimismo el rodaje de varias secuelas, pero bajo mi punta de vista ninguna será tan recordada como la primera.

domingo, 5 de febrero de 2017

Tarde para la ira (2016)

Aspectos positivos: Tarde para la ira es un thriller en toda regla que te mantiene sin pestañear hasta el desenlace. Raúl Arévalo se ha arriesgado y con un presupuesto limitado firma una ópera prima que muchos encumbrados ya quisieran tener en sus respectivas trayectorias. De ejecución sobria, realización certera y atmósfera "sucia", el inexperto cineasta nos cautiva con una historia de venganza con tintes de novela negra a lo Cormac McCarthy e influencias de Sam Peckinpah que nada tiene que envidiar a la de cualquier producción estadounidense actual en lo que a planos y montaje se refiere. En la película palpamos y olemos la rabia, esa rabia contenida que corre por las venas de su protagonista, un soberbio Antonio de la Torre, que como siempre nos acostumbra con un papelón digno de su experiencia sobrada ante las cámaras. Además le acompaña un elenco de actores sabiamente escogidos en estado de gracia, destacando a un Manolo Solo en un personaje tan carismático que solo le bastan 15 minutos de presencia en pantalla para convencer al espectador. Se echa en falta en nuestro cine más savia nueva como la de Raúl Arévalo, cuyo guion plagado de suspense y giros de principio a fin, es de los mejores que ha habido este año. No en vano, la película ha recibido cuatro premios Goya, incluyendo el de Mejor Película. Recompensa más que merecida a un director que promete dar mucho que hablar en los años venideros.

Aspectos negativos: ¡El propio Arévalo podría haber hecho un cameo a lo Paco León! 

Valoración: Sobresaliente